Misiones de Asgarland Cap 3



Capítulo: 3

El tenue brillo de las llamas que emanaban de cuatro velas colocadas sobre la repisa de la pared en frente de la mesa, iluminaban la sala de elaboración de medicinas.
Desde las hendiduras de la puerta y las ventanas una fría brisa proveniente de la montaña se colaba en el lugar. Aunque poca era la importancia que le di a todo eso y continué centrándome en le texto del libro que se descansaba sobre la mesa. Si estaba falto de luz usaba mi magia como refuerzo lumínico y el calor de la hoguera del templo mantenía un ambiente agradable incluso en una habitación tan alejada, era una zona de confort ideal.
Mi atención se enfocaba en uno de los antiguos libros que Slania rescató de la Magna biblioteca, antes de que esta quedase reducida a cenizas debido a una idea estúpida que tuvo el alcalde, de la cual no quiero acordarme.
El libro que tenía ante mí mostraba de elaboración de recetas medicinales: había información acerca pociones de resistencia, salud, vitalidad, de como lograr una erección prolongada, etc… Sinceramente no aparecía lo que estaba buscando y daba la impresión de que estaba leyendo para matar el tiempo, cuando mi concentración mostraba todo lo contrario.
En ese momento la puerta se abrió, emitiendo el chirrido característico de las oxidadas bisagras que un día teníamos que cambiar, pero eso no bastó para hacer que distrajese mi atención.
Slania entró en la habitación cargando con ella dos vasos que desprendían un agradable vapor dulce. Se acercó hacia mí y colocó el vaso a un lado de la mesa, mientras que el otro lo sostenía en su mano.
“Aun no puedo creer que estés estudiando en lugar buscar la muerte en las montañas junto con tus amigos los cazadores” Dijo Slania de forma casi burlesca mientras se acomodaba a mi lado apoyándose contra la mesa “Pero ¿no crees que te estás excediendo? Apenas has salido de esta habitación y cuando sales siempre vas al cementerio ¿tanto te cuesta aceptar la muerte de Samvel? ¿O estás deprimido porque esa gente te engaño y te usó para hacer su trabajo sucio?”
“No… no es nada de eso, mama” Respondí desviando la mirada hacia ella.
“Solo me llamas mama cuando estás deprimido. Que adorable eres” Me dijo con una voz dulce y maternal, cosa que no hizo más que avergonzarme.
Recordé que después de perder la consciencia tras abusar de mi magia, Slania apareció en aquella cueva y de alguna manera logró sacarnos a Samvel y a mí antes de que nos engullese la lava… no se como lo ha hecho, pero lo que si recuerdo son las lágrimas de mi madre al verme despertar tras estar dos días en cama, eso y la bronca que vino después, no imagináis como me dolían las mejillas ese día. Supongo que me lo tenía merecido.
“Mama, ayúdame. Estoy buscando algo, pero no lo encuentro…” Dije rogando con la mirada.
“¿No será un elixir para resucitar a Samvel? Porque algo como eso no existe y de haber existido ya lo hubiera usado hace mucho tiempo para resucitar a… no se, a tu padre supongo.” Dijo Slania con la mirada entrecerrada.
Tragué saliva y carraspeé aclarándome la garganta di un sorbo a la bebida para aparentar aclárame la garganta.
“En realidad estoy buscando algo que aumente me magia. Había oído que los grandes magos de la capital… los que trabajan para la realeza, pues ellos disponen de piedras especiales que les ayudan a lanzar sus hechizos y me preguntaba si… bueno, ya sabes…”
Slania arqueó una ceja y se acercó a mirar por encima el libro que estaba leyendo. Luego dio un fuerte suspiro y dijo:
“Se a lo que te refieres, pero de nada te servirá tener a tu alrededor piedras mágicas si no dominas lo básico, tal como te dije tiempo atrás, para controlar tu poder debes meditar, sentir como tu magia fluye por tu cuerpo y en el momento en que la visualices, es cuando aprenderás a controlarla. Entonces ya podrás amplificarla con piedras mágicas y todo eso... ¡Ah! Y por cierto si estás buscando información sobre minerales, no vas a encontrar nada en ese libro. Básicamente porque ahí solo hablan de plantas medicinales”
“¿Eh?” En ese momento entendí por qué no encontraba nada, estaba leyendo el libro equivocado “Y… ya… ya lo sabía, por supuesto que lo sabía, mama” Miré fijamente a Slania a los ojos “¿Por cierto a qué has venido?” Pregunté mientras cerraba el libro y lo dejaba en su sitio.
“Pensaba que estarías sediento y te traje algo de beber y también vine a decirte que dentro de poco estará lista la cena. Pero como parece que no tienes nada que hacer ¿Por qué no me ayudas?” Esa pregunta fue lanzada casi como una orden más que una petición.
“De acuerdo” Contesté sin rodeos.
A la mañana siguiente, al salir de casa vi el cielo cubierto por nubes oscuras
“(Parece que va a llover)” Pensé, pero a medida que iba caminando me daba cuenta de que la falta de humedad indicaba que no iba a llover, el aire no estaba cargado por el aroma de las pantas silvestres y más tarde confirmé mi teoría al ver el humo de las chimeneas ascender de manera uniforme. Si el humo se arremolina o parece descender entonces hay probabilidad de que llueva aun así, hoy solo era un día nublado.
Ahora en el cementerio, en frente de la tumba de lo que en su día fue un buen amigo mío, los recuerdos de nuestras aventuras de caza llegaban a mí como imágenes casi nítidas dentro de mi cerebro.
En ese momento, unos golpes secos que retumbaban gentilmente por el cementerio me despertaron de mi trance.
Giré mi cabeza ligeramente al oír los lentos pasos que se acercaban hacia mí. Vi a Morritz, caminando como de costumbre con sus manos apoyadas detrás de su espalda. Cuando llegó a mi lado exhaló con fuerza.
“Ahhhgg. Por fin te encuentro Yahvis, llevo un rato buscándote, me dijeron que estabas aquí”
“(Vaya, la persona que no quería ver está aquí) No sabía que me estabas buscando, Morritz”
“Je je ¿Y bien, Samvel ya resucitó?” Preguntó bromeando.
“No va a resucitar” Contesté sin muchas ganas de seguir con la conversación.
“Ya me lo parecía, pero como venías aquí tan seguido durante los últimos días pensé en que tal vez tu magia logró un milagro o que Slania lo sacó de su tumba para dejaras de estar perdiendo el tiempo”
No le respondí, solo guarde silencio. Morritz dejó de hablar para hacer un gesto en señal de oración, pero su mirada estaba clavada en mí, punzante, como si supiese que he estado husmeando en su casa sin su permiso, pero nunca mencioné nada acerca de eso y él tampoco dijo alto al respecto.
“Si tan solo hubiese tenido una espada…” Murmuré apretando los puños.
“Nada hubiese cambiado” Me contestó el herrero con un tono desinteresado.
“Te equivocas” Le miré a los ojos fijamente.
“¿Eso crees? Por lo que me contaste, esa gente eran sangrevil, no aventureros normales ¿de verdad piensas que teniendo un arma ligeramente más larga podrías ganar a un grupo de personas de tu nivel o más fuertes?”
Me encontré incapaz de responderle apropiadamente, en mi interior sabía que tenía razón pues poco pude hacer que darlo todo contra un rival que me superaba en términos de habilidad, fuerza y velocidad, no podía imaginarme ganando contra todos ellos al mismo tiempo.
“Además si querías una espada haber cogido la de los defensores, o una de sus lanzas” Soltó el herrero.
Su opinión, me provocó una gran indiferencia, por supuesto que pude haber cogido sus armas, de hecho hice esto tiempo atrás y conseguí estos cuchillos largos que ahora cargo en mi cinto, oculto bajo mi abrigo. Los defensores no tienen otras armas a parte de la lanza y el escudo, nunca me interesó ninguna de esas dos cosas, primero porque la lanza es difícil de manejar salvo cuando estás cazando, donde solo tienes que arrojarla con certeza y el escudo estorba. Y aunque las tuviese no me veía ganando, si los defensores son expertos en su manejo y cayeron al instante, entonces de poco servían.
“Bueno, no te agobies” Dijo el herrero colocando su mano en mi hombro “Sabes… Tu padre fue un gran guerrero reconocido por todos y aunque perdió a muchos de sus amigos siguió adelante, tu deberías hacer lo mismo, no dejes que la muerte de tu amigo te entristezca”
“No siento tristeza, en absoluto, nunca la he sentido, ni siquiera cuando le vi morir ante mis ojos” Dije provocando una reacción de sorpresa en Morrtiz “Cuando todos morimos, vamos al Dodheim así que volveré a encontrarme con él algún día ¿por qué debería sentirme triste? Lo único que me molesta fue no ser lo suficientemente fuerte como para que se quedase un poco más en este mundo”
“Eres realmente interesante” Dijo el herrero riéndose mientras me daba palmadas en la espalda.
“Por cierto ¿para qué has venido?” Pregunté deteniendo su mano.
“Oh, eso… necesitaba que me hicieses unos recados”
“(¿Cómo la última vez que tuve que arriesgar mi vida solo porque te apetecía beber un té?) No se, no me encuentro con ganas de aceptar tu petición… ¿eh?  ¿Morrtiz? ¡Espera!”
Morrtiz me agarró del cuello del abrigo y me arrastró hacia la salida del cementerio mientras decía:
“Vamos, deja de ser tan llorica, sé un hombre y acepta un encargo cuando te lo piden”
Llegamos a la herrería de Morrtiz, donde pude apreciar una cada de madera que supuestamente contenían los nuevos productos hechos por el herrero. Su petición era simple: llevarla hasta la segunda residencia de la  familia del alcalde, la Mansión Heldengard, la cual justamente estaba en la otra punta de la ciudad. La caja no se veía muy pesada y me extrañó ese detalle puesto que Morritz estaba bastante fornido como para no poder cargar con una simple caja, le pregunté la razón de necesitar mi ayuda, a lo que él simplemente se encogió de hombros diciendo que no tenías ganas de llevar nada a ninguna parte.
Inicialmente pensé en atravesar el camino cercano al bosque que conducía hasta la puerta Oeste, pero el herrero, como leyéndome el pensamiento me advirtió:
“Si estás pensando en atajar a través del bosque, puedes olvidándote de ello”
“¿Por qué?” Pregunté mientras terminaba de cargar la última caja en el carro de madera.
“Pues desde hace unos días el bosque se ha vuelto bastante peligroso”
“El bosque siempre ha sido peligroso, aun con todo esto” Señalé las cajas “Puedo ocuparme de escapar de los Wargos y los osos”
“No me refería a eso… Según he oído, unas extrañas criaturas están vagando por donde se supone que están las guaridas de las bestias. Una creciente oscuridad ha inundado este sitio, ten cuidado”
“Está bien, me has convencido iré por el camino más seguro” Dije sin ánimos de empezar una discusión “Gracias por preocuparte por mí”
“Me preocupa más que no me paguen al ver que por tu impudencia mis creaciones quedasen dañadas por tu imprudencia”
“(Mira tu por donde, ahora me está apeteciendo ir por bosque) Pues si tan peligroso es el bosque ahora ¿por qué no me forjas una espada, aunque sea una corta?” Pregunté.
El herrero meditó un momento en silencio poniendo esa cara de querer negarse, pero al final cedió para mi sorpresa.
“Está bien… cuando entregues este paquete ven luego y te daré tu tan ansiada espada”
No pude contener mi cara de felicidad e incredulidad.
“¿En serio? ¿De verdad? No me lo creo”
Morritz colocó su mano sobre mi cabeza y acarició con cierta fuerza.
“Te haré una solo para que dejes de insistir en ello”
“¡Muchas gracias, ahora mismo entregaré esto y volveré!” Grité eufórico cargando la caja en mis brazos y salí corriendo en dirección de la ciudad.
“¡Ten cuidado!” Gritó el herrero desde la lejanía “…Y no hace falta que vuelvas” Susurró por lo bajo.
Atravesé el camino que llegaba hasta la puerta de la ciudad sin complicaciones debido a que la intensa niebla que ocupaba el lugar se había desvanecido revelando el paisaje de la montaña.
Al llegar a la ciudad, pasando por las puertas custodiadas, pude notar una atmosfera  bastante diferente al usual, estaba todo tranquilo, demasiado tranquilo y según mi experiencia esta tranquilidad era el preludio a lago que estaba a punto de ocurrir.
Antes de que pudiese llegar a mi destino, un par de soldados, encabezados por el capitán Aldamir se pararon en frente de mí obligándome a detenerme.
“Oh, que sorpresa el todopoderoso capitán Aldamir en persona (Empezamos bien el día)” Dije colocando la caja en el suelo porque no quería que se rompiese, ya que todas las reuniones que tuve con ese hombre no terminaban de manera agradable “¿Qué quieres de mí?”
“Vaya, parece que te lo estás tomando bastante bien, Yahvis” Dijo con ese tono de superioridad.
“¿A qué te refieres? Estoy ocupado con un asunto, si no quieres nada apártate de mi camino” Intenté proseguir pero el capitán me retuvo.
“Oye, oye ¿crees que esa es manera de hablar a un oficial de la ley? Parece que no aprendes” Expresó acercándose a mí “Chaval, estás es un buen lío” Su vos denotaba aire de satisfacción.
“¿Eh?” Articulé sin entender a qué se refería.
“En pocas palabras, estás detenido” Dijo colándome unos grilletes en mis muñecas antes de que me percatase de ello “Acompáñanos, te espera el juicio de la corte”
“De qué mierda estás hablando. ¡Aldamir quítame esto de encima! No pienso ir a ninguna parte”
Los defensores que acompañaban al capitán me apuntaron con sus lanzas cuando alcé mi tono, seguramente temían que pueda volverme violento.
“Veo que todavía no entiendes la situación en la cual te encuentras” Dijo el capitán sin perder su compostura. Con su mentón señaló hacia el tejado del edifico cercano, donde había varios soldados apuntándome directamente con flechas. No me di cuenta de su presencia cuando pasé al lado de esa casa, lo que significaba que esa gente no eran simples soldados como los que vigilaban Mattel “¿Y bien, qué dices?”
“De acuerdo” Acepté a regañadientes.
“Madre mía, esto sí que es una sorpresa, no sabía que podías llegar a ser razonable” Expresó el capitán fingiendo sorpresa y alegría al mismo tiempo en un tono sarcástico.
Los soldados se acercaron a mí uno a cada lado. El de la derecha se fijó en la caja que llevaba y mostró cierto interés en ella.
“¿A dónde llevabas este cargamento?”
“Qué te importa eso” Contesté seriamente a su pregunta, pero al soldado no le agradó mi respuesta, pues me miró amenazante tras los huecos de su casco de metal.
Antes de que algo pasase, Aldamir creyó conveniente intervenir.
“Supongo que ibas a la casa de la familia Heldengard, porque esta senda conduce directamente a ese lugar ¿qué les estabas llevando?”
“Un paquete, lo tienes ante tus ojos”
“¡Eh! Deja de pasarte de listo con el capitán” Gritó el guardia apuntándome con su lanza, pero Aldamir lo detuvo con solo alzar su mano.
“Sea lo que sea eso no importa ahora mismo, nos lo llevaremos también. Venga, por aquí”
Los defensores me escoltaron en dirección opuesta hasta la pequeña plaza que había en frente de la casa del alcalde, ahí, un grupo de defensores crearon un perímetro conmigo en el centro mientras alejaban a la gente que se había reunido. Percibía sus miradas con claridad: algunas eran punzantes, otras llenas de odio, seguidas de curiosidad junto con temor, pero las que abarcaban más eran las de indiferencia. Estaba claro que la gente fue reunida de manera obligada.
Cuando me situaron en el medio de la plaza, dos defensores sin escudo me arrodillaron a la fuerza y se quedaron a mi lado.
A lo lejos se oía el estruendo ocasionado por los cascos de los cuatro caballos, quienes tiraban de una diligencia de extravagante y llamativo diseño, seguida por un pequeño grupo de soldados acorazados.
La diligencia estacionó en frente del ayuntamiento, portando los estandartes de la familia Heldengard colgados en los laterales del tejado del carro, anunciaba que su ocupante pertenecía a la familia del alcalde. Los soldados formaron dos filas al lado de la puerta y uno de ellos abrió la puerta del carruaje. Desde el interior salió una mujer de aspecto joven y hermoso, de ojos azules y cabello oscuro. Con ayuda del soldado bajó las escaleras que colgaban debajo de la puerta.
Al tocar el suelo, el capitán Aldamir se acercó hacia ella y le susurró algo que apenas atiné a oír.
“Como pedisteis están todos… es él…” Fue lo que oí decir al capitán.
Su ceño se frunció al verme, probablemente por lo que le dijo el capitán.
La mujer caminó a paso elegante hasta llegar a un punto donde podía hablar tanto a la gente, como para no perderme de vista.
“¡Soy Lady Silke Amilia Ingward Von Heldengard, segunda hija de la casa Heldengard, condesa de los altos vados del ducado de Glainehammer, capitana de la sagrada orden de los caballeros de la tempestad al servicio del rey y sobrina del Lord Magnus Zkipio Tornelion Von Heldengard!” Empezó.
Un breve silencio reinó por un breve instante en el que nadie abrió la boca. Por lo que ella continuó hablando.
“Hoy, en este día, celebraremos el juicio de este sangrevil acusado de los siguientes cargos: asesinato de mi noble tío, conspiración contra la nobleza y por consiguiente traición hacia la corona y por último pero no menos importante la pertenencia a la casta demoníaca de la sangre. Por estos cargos se declara culpable y su castigo es la ejecución en la horca.”
Exhalé el aire de mis pulmones por la boca al asimilar lo que ella había dicho. Apenas pude gesticular una palabra, mi mente se quedó en blanco por un momento pero enseguida recapacité al oír a mi espalda los incómodos murmullos de la gente, que hablaban entre ellos debatiendo lo que todos acabamos de oír.
“¡¿Qué?!” Grité “Os equivocáis. Yo no maté ni traicioné a nadie ¿qué pruebas tienes para acusarme?” Sabía de sobra que mi pregunta era estúpida, claro que no necesitaban pruebas para matar a nadie, eran la nobleza después de todo, pero inter ganar al menos unos segundos para salvar mi pellejo era lo único que podía hacer en este momento, al menos hasta que se me ocurra algo para salir de esta situación “(Esto debe de ser una broma… Si tan solo Samvel estuviese aquí…)” Pensé apretando los dientes.
En ese momento, la voz de uno de los pueblerinos, llamó la atención tanto de la sobrina del alcalde y de los demás.
“Espere un momento, Lady… Silke ¿no?… esto no tiene sentido. La curandera nos contó que el señor Heldengard murió en las minas de la montaña y el chico en ese momento estaba rescatando a Samvel en el acantilado del bosque, que está en dirección contraria ¿Cómo afirma que fue él quien lo mató?”
“Cierra la boca y apártate” Ordenó el defensor que estaba delante de él empujándole con su escudo, a lo que el hombre respondió empujándole con el mismo grado de hostilidad, lo que empeoró la situación pues otros guardias acudieron a tranquilizar al hombre al mismo tiempo que la gente de su alrededor le apoyaba montando bronca con los soldados.
Inmediatamente Aldamir, con su presencia y un fuerte grito de orden los detuvo a todos antes de que el asunto pasara a mayores.
Aun cuando las cosas se habían calmado un poco, el comentario de ese hombre sembró la duda entre la muchedumbre, quienes empezaron a protestar. Por un momento me sentí algo aliviado pues recordé que Slania, cuando nos rescató también informó a la gente acerca de la muerte del alcalde pero alteró la información lo suficiente para desvincularme con ese incidente, entonces como en un destello en mi cabeza surgió un interrogante:
“(Si nadie más que yo y Slania sabíamos la verdad ¿Cómo es que alguien como esta mujer está aquí acusándome de esa manera? No tiene sentido)”
Silke se mantuvo serena, a pesar del bullicio que se producía ante su persona. Dio unos pasos en dirección hacia ese hombre y sacó del bolsillo interior de su abrigo un sobre amarillento con un estampado carmesí partido en dos. Abrió el sobre y sacó una hoja de papel de un color más claro y se la mostró a la gente.
“Tengo en mi posesión una carta… una de las muchas que mi tío envió a mi padre, en la cual informa que un grupo de sangrevils le engañó con la promesa de un tesoro inexistente en estas montañas” Me señaló con su mano extendida “Este chico de aquí es un sangrevil, por lo tanto es uno de los conspiradores y debe tomar responsabilidad por sus pecados y los de su raza.”
“Puede que sea un sangrevil, pero no tengo nada que ver con ese grupo del que habláis ni con el asesinato de vuestro tío”
“Me pregunto si eso es verdad” Cuestionó Silke enfocándome con su mirada “He oído que esta mañana estabais llevando algo a la residencia de mi tío” Con un chasquido de sus dedos dos soldados trajeron el paquete que me fue confiscado “¿Qué es lo que hay dentro?” Permanecí callado ya que ni siquiera yo sabía lo que había dentro “¡Abridlo!”
A su orden, sus soldados de escolta cortaron con sus espadas las correas que ataban la caja y al retirar la cubierta de madera, tanto los soldados como la gente soltaron un inconsciente gesto de exclamación cuando vieron sacar la cabeza del alcalde.
Me quedé completamente paralizado, mis ojos no podían creer lo que estaba viendo, esto no podía ser real. La cabeza que colgaba de las manos del soldado, que fue sacada de la caja era una cabeza de muñeca, igual a la que había visto tiempo atrás en el sótano del herrero pero su forma y tamaño eran exactamente iguales que la cabeza del alcalde.
“Morritz…” Susurré.
Los ojos de aquella mujer se clavaron en mí como cuchillos forjados con odio.
“¿Qué significa esto?” Preguntó Silke casi gritando “Dijisteis que no tenías nada que ver con el asesinato de mi tío ¿qué es entonces esta evidencia?”
A pesar del impacto de la falsa cabeza mi mente no se bloqueó por completo. Aferrándome a ideas repentinas intenté defenderme.
“Yo que se, yo… solo… Morritz fue el que me pidió llevarla a la segunda residencia del alcalde, solo le estaba obedeciendo y… no sabía lo que había dentro... yo…”
En ese momento Aldamir me interrumpió.
“¿Has dicho que Morritz, el herrero te encargó llevar eso? Permíteme que lo ponga en duda, pues Morritz se fue de Mattel hace cuatro días”
“¡Mientes, hablé con él hace solo unas horas!” Grité.
“Tu eres el que miente” Replicó Aldamir “Yo personalmente ayudé al herrero con su mudanza llevando su equipaje con mis hombres hasta la puerta del sur”
Abrí los ojos de par en par y fui bajando mi cabeza poco a poco centrando mi mirada en el suelo. No entendía nada de lo que estaba ocurriendo todo parecía tan irreal que me hacía preguntarme si estaba en un sueño.
“A la luz de estas pruebas, no hace falta celebrar ningún juicio” Dictó Silke “La sentencia está decidida, el castigo del Sangrevil es la muerte” Básicamente estaba ordenando a los soldados que tenía a mi lado asesinarme.
Los defensores retrocedieron y me apuntaron con las puntas de sus lanzas debajo de mi cuello obligándome alzar la cabeza. Mi mirada perdida daba entender que no sabía como encarar la situación y ya lo daba todo por perdido, pero para mi sorpresa aun sentía en mi interior una gran inconformidad con esta ridícula situación. Cuando los soldados retiraron las lanzas para tomar impulso en su estocada, mi cuerpo se movió por sí mismo rodando hacia delante esquivando las afiladas puntas, mientras que al mismo tiempo enredaba las cadenas de los grilletes sobre una de ellas forzándola a romperse junto con las cadenas liberando mis manos a la vez privaba al soldado de su arma.
En ese momento lo entendí perfectamente, mi cuerpo, mi sangre, mi alma no se rendirán sin luchar.
De inmediato, aprovechando el corto tiempo de confusión que ralentizó a los defensores, me acerqué al que se había quedado sin lanza y le propiné un puñetazo con todas mis fuerzas en el caso del soldado, haciendo que este se deformase hacia dentro ocasionando un molesto dolor en su cara junto con la pérdida de visión, pues los agujeros se habían cerrado debido al impacto.
De inmediato el defensor intentó quitarse el casco, pero se le había atascado con el impacto, momento que aproveché para girar sobre mí mismo con el fin de conectarle una fuerte patada en su abdomen lo que le envió al suelo.
Su compañero reaccionó a tiempo y cargó contra mí con su lanza. Esquivé su ataque con facilidad y me acerqué lo suficiente a él como para darle una patada en su entrepierna, luego agarré su cabeza con una mano y la estrellé contra el suelo dejándole inconsciente.
“¡Desgraciada rata sangrevil! ¡Como te atreves a rebelarte a mi autoridad!” Gritó Silke desquiciada.
Sus soldados se colocaron en formación de línea delante de ella. Apuntándome con ballestas, una nueva arma desarrollada en la capital del imperio mientras dejaba inconsciente al defensor de la lanza.
Las flechas volaron en línea recta, silabando a una alta velocidad en mi dirección. No había tiempo para esquivar, pues las flechas avanzaban a una velocidad mayor que las de un arco, pero no eran lo suficientemente rápidas como no ser vistas, por eso desenvainé los cuchillos de guerra y trazando una curva horizontal logré repeler las flechas de una sola tajada.
La mirada atónita de los soldados impidió que recargasen por completo las ballestas, no volvieron en sí hasta que al capitán grito:
“Esas espadas cortas…  Así que fuiste tan lejos como para robar material militar” Dijo Aldamir poniéndose delante de Silke mientras desenvainaba su propia espada que denotaba su rango de capitán.
La sobrina del alcalde soltó un fuerte grito desesperado:
“¡A qué esperáis, acabad con él... y con todo aquél que intente simpatizar con él, pues será también considerado un criminal!”
“Me rindo… venid a por mí” Exclamé desafiante.
Justo cuando iba a lanzar mi ataque sentí algo golpear mi cabeza con fuerza, una piedra que rebotó en el suelo. Coloqué mi mano sobre la sien afectada y sentí algo húmedo y caliente, al retirarla la palma de la mano estaba roja. Miré en dirección de donde vino la piedra y pude apreciar la enfurecida muchedumbre retenida por los asustados soldados, mientras que los de atrás empezaron a arrojarme cosas como piedras, verduras, palos, todo lo que tenían a mano.
Me cubrí colocando mis brazos por encima de mi cabeza intentando esquivar los objetos arrojadizos que venían desde todas direcciones, pero al hacerlo dejé de prestar atención y permití que el capitán Aldamir tuviese una oportunidad de acercarse.
“¡Yahvis!” Blandiendo su espada asestó un tajo de arriba abajo.
Tardé en bloquear su ataque y usé el filo del cuchillo para desviar la descarga, chispas brillantes compuestas de virutas metálicas salieron volando con la fricción. Al ponerle demasiada fuerza la hoja no soportó la presión y se partió en dos.
Me alejé unos pasos de Aldamir y miré con frustración el cuchillo roto, confirmé que en no puedo ganar a una espada con un cuchillo. Tiré el cuchillo roto a un lado y saqué los dos últimos que me quedaban sin contar con los otros dos de caza.
Recubrí con mi magia las hojas y me abalancé contra el capitán. No debía dejar que él tome la iniciativa.
El capitán se defendió con su espada bloqueando eficientemente ambas hojas, las cuales causaron profundas hendiduras en el metal del arma. Antes de que lograse partir su arma, de una patada en mi abdomen me hizo retroceder unos metros para después apuntarme con la punta de su arma mientras ejecutaba una acometida digna de manual formando la pose de ataque en mitad de la trayectoria, y aun con todo su velocidad dejaba mucho que desear.
Esquivé sin problemas su ataque agachándome un poco mientras que con uno de mis cuchillos desviaba la estocada provocando que chispas y partículas saltasen por todas partes al contacto con la fricción de ambos metales. Con mi otro cuchillo traté de cortarle el cuello y para mi sorpresa el capitán logró bloquearlo con la guarda en forma de cruz al retraer la espada. En ese momento, en el que bloqueó el golpe letal se dio cuenta de que aquello fue un gran error pues al hacerlo se olvidó momentáneamente del otro cuchillo que llevaba en mi mano y a una distancia tan cerrada una espada tan larga se volvía inútil.
Sin desaprovechar la ocasión arremetí con una fuerte descarga cortándole el ojo, parte de su cara, el cuello y su peto.
La sangre salpicó al suelo cuando el capitán retrocedió tapando la herida de su cara con su mano, retuvo su grito de dolor mientras bajaba su guardia.
“¡Aldamir!” Gritó Silke con su voz llena de preocupación e intentó acercarse pero su séquito la detuvo antes de que pudiese dar un paso.
Con mi contrataque la gente dejó de tirarme cosas y miraron estupefactos mi victoria sobre el capitán. Sus hombres estuvieron a punto de romper su formación para buscar venganza contra mí por herir a su jefe tan solo siendo detenidos por su propia disciplina.
“¡A mi, soldados!” Finalmente exclamó Aldamir.
Al grito de su capitán los defensores abandonaron sus posiciones, acercándose hacia mí con sus lanzas al frente, seguidos de la furiosa muchedumbre que ahora podía campar a sus anchas.
No había posibilidad de escapar, veía mi destino con claridad: o moría aplastado o me despedazarían entre todos. Ninguna de las dos opciones me parecía atractiva en esta situación en concreto arrodillarse y suplicar perdón de nada serviría, si tenía que morir a manos de esta gentuza, entonces me llevaré a tantos como pueda.
Inesperadamente para todos como para mí, un rayo brillante cayó del cielo y sacudió la tierra en un sismo que nos hizo perder la estabilidad. Alcé mi mirada desde el suelo y ante mis ojos, alzándose como una diosa celestial caída del cielo en frente de mí con su imponente presencia manifestándose en el lugar Slania hizo su aparición.
“Alejad vuestras manos de mi hijo” Pronunció amenazantemente.
Aunque estaba en el suelo algo aturdido por el impacto no podía evitar ver con felicidad a mi madre viniendo a ayudarme.
“Tu” Masculló Silke mientras se incorporaba “¡¿Quién eres?!” Una mano la retuvo, al entornar sus ojos hacia la persona que estaba agarrándola susurró “Aldamir”
“Señora Silke quédese atrás, estamos en una situación peligrosa” Dijo el capitán incorporándose. Aun con sus heridas aun sangrantes y la pérdida de gran parte de su visión, el capitán no daba indicios de ceder en su deber de proteger a su noble “Slania, estoy seguro de que estás al tanto de la situación, tu hijo es culpable de magnicidio y la justicia exige que sea ejecutado” Mientras el capitán hablaba, los soldados preparaban las ballestas para un segundo disparo “Si vas a protegerlo también sufrirás su destino”
La curandera no mostró ninguna preocupación por la amenaza y miró al capitán junto a su noble como seres insignificantes.
“Agradezco tus palabras de preocupación capitán Aldamir, pero el castigo que planeas imponerme no es mayor del que yo tengo planeado para usted por haber intentado dañar a la persona que más aprecio”
Desde el suelo emergieron unas raíces con espinas las cuales se envolvieron alrededor de los miembros del capitán. Las espinas se clavaron en su piel atravesando su armadura, desgarrando su carne a medida subían por su cuerpo, luego se elevaron hasta el cielo donde fracturaron todos sus miembros. El crujido resonó por toda la plaza. Finalmente las raíces desaparecieron de la misma forma en que llegaron y el cuerpo del capitán cayo al suelo.
“¡Aldamir!” Gritó Silke corriendo en su dirección.
Los soldados al ver a su jefe derrotado cargaron contra Slania, los ballesteros soltaban sus flechas y la muchedumbre empezó a correr en dirección contraria intentando escapar de aquel lugar presa del miedo de la batalla que se estaba desarrollando.
Slania extendió su mano y trazó con ella una curva la cual generó un gran conjunto de círculos mágicos que la rodearon liberando a su vez una onda de choque eléctrica que golpeó, aturdió y paralizó a todo el mundo.
Tras inmovilizar a todo el mundo, Slania golpeó el suelo con su puño un nuevo circulo mágico apareció debajo nuestro invocado por la mágica de Slania, desde el círculo salieron una infinidad de fragmentos de energía elevándose como plumas al viento y en un parpadeo cuando cesaron el circulo mágico ya no estaba ni nosotros tampoco.
Cuando me di cuenta ya no estábamos en la plaza ni siquiera Mattel, sino en el bosque. Mi cabeza daba vueltas y sentía nauseas a causa de ello, intenté incorporarme pero mi mano se resbaló y volví a caer al suelo, en ese momento Slania se acercó ayudándome a incorporarme, me rodeó con sus brazos y me presionó contra su pecho en un gentil abrazo.
“¿Mama?”
“Lo siento mucho Yahvis, tardé en llegar y tuviste que pasar por todo esto” Su voz sonaba rota llena de lamento e ira y a medida que su abrazo se intensificaba, me daba cuenta de que ella estaba enfadada más consigo misma que con todos los demás.
Me liberé de su abrazo y la miré directamente a los ojos.
“No pasa nada, mama, estoy bien” Dije forzando una sonrisa “Es todo culpa de esa noble ¡¿Qué problema tiene conmigo, yo no fui quien mató al idiota de su padre, o tío o lo que sea que fuese el alcalde para ella?!” A medida que escupía las palabras mi voz iba alcanzando volumen.
“Lo se” Dijo Slania “Lo se muy bien, todo fue un siniestro capricho del destino. Pero ahora ya nada puede hacerse”
“No. Podemos luchar, has incapacitado a Aldamir y los soldados no son más fuertes que yo, podemos echar a esos nobles de Mattel con tu magia” El plan que pasaba por mi cabeza me parecía tan perfecto como surreal, estaba siendo guiado por mi arrogancia y mis ansias de venganza que llevaban mi cabeza por las nubes de las fantasías.
“Ojalá fuese tan sencillo” Dijo Slania devolviéndome a la realidad “De ser como tu dices ¿por qué me molestaría en sacarte de la ciudad?” Ante mi silencio dubitativo ella decidió continuar “Esa mujer no ha venido escoltada de solo soldados, percibo a un pequeño grupo de magos de alto nivel en la ciudad”
“¿Pero puedes encargarte de ellos, verdad? Quiero decir, con tu poder puedes hacer lo que sea ¿no?” Insistí desesperadamente.
Slania me miró con sus ojos emanantes de tristeza.
“Lo siento mucho. Aunque puedas pelear mano a mano con adultos, en lo referente a poder un mago es un caso totalmente distinto, la fuerza bruta no sirve de mucho y tu magia no es lo suficientemente poderosa como para poder hacerles frente. Y… yo no puedo luchar contra ellos y protegerte al mismo tiempo” Explicó “Ya tengo suficiente con proteger estas montañas de los monstruos del exterior” Susurró esto último.
“Podemos usar el bosque, tenderles una emboscada como hacemos a las bestias que Samvel y yo cazábamos y…” Me detuve abruptamente en cuanto pronuncié el nombre de Samvel. Una extraña sensación incómoda oprimía mi pecho.
“Es una buena idea, pero como ya te dije nuestros enemigos son magos, nunca antes te has enfrentado a alguien así. Los magos tienen la habilidad sentir el poder mágico que emana de la gente, un poder desbordante como el tuyo les avisaría y por es inútil hacerles una emboscada… lo que me pregunto es ¿por qué esos magos no estaban en el momento de tu ejecución?... bueno, pero eso ahora da igual” Habló más para sí misma, como un monólogo en voz alta.
Solté un quejido de disgusto seguido de una mueca, pateé la primera piedra que se apareció ante mis ojos, la piedra voló y perforó la pared el árbol.
Percibiendo mi estado de ánimo Slania colocó sus manos sobre mis hombros e instó a que me tranquilizase colocando su frente sobre la mía. Me alejé unos pasos de ella.
“Entiendo… no tengo posibilidades de ganar ¡¿Entonces qué puedo hacer?!” Trataba de que mi voz no sonase tan desesperado como me encontraba en este momento.
“La única opción que te queda es irte de Mattel hasta que las cosas se calmen”
“¿Estás diciendo que escape?” Tras un momento de silencio acepté la opción que me brindaba “Está bien, huiré ¿pero a donde?”
Slania caminó pensativa de un lado a otro y finalmente señaló en una dirección con su mano.
“En esa dirección ¿te es familiar? Si tomas esta ruta llegarás a las minas escóndete allí dentro, pero no de adentres mucho en ellas, cuando caiga la noche sal de ellas y atraviesa Mattel a través del camino del acantilado, de esta manera llegarás al pueblo que hay bajo la montaña, una vez que llegues allí eso ya es cosa tuya. Yo no voy a poder ayudarte una vez que abandones estas montañas”
“Entiendo, pero ¿mientras me escondo que vas a hacer tu?”
“Les distraeré hasta que caiga la noche, no te preocupes por mí, solo céntrate en escapar” Se desató el pañuelo rojo que llevaba atado a la cintura y me lo ató alrededor del cuello “Ve. No mires atrás, camina hacia delante y pase lo que pase siempre estaré contigo” Se acercó a mi y me susurró algo al oído, algo que no atiné a entender.
Antes de que pudiese volver decirle algo, el cuerpo de Slania se desintegró literalmente en miles de plumas negras brillantes, dejándome solo en medio del bosque.
“(¿Y me abandonas aquí? Genial) En fin tengo que apresurarme, sino los exploradores me encontrarán”
Sin más preámbulos eché a correr en la dirección que Slania me señaló, el último lugar al que querría ir: las minas.


Mientras tanto, en Mattel la situación pudo ser controlada gracias a los esfuerzos de los defensores y los soldados de la nobleza quienes tomaron el control de la ciudad poniendo a la heredera de la familia Heldengard a cargo de todo.
Lo primero que hizo Silke fue ordenar a los soldados que registren la ciudad en busca de los criminales, luego ordenó llevar a Aldamir a dentro del ayuntamiento para que recibiese primeros auxilios. Para ello convocó la ayuda de los criados que lograron preparar una habitación improvisada donde acomodaron al capitán. Antes de que los magos llegasen, uno de los criados trató de manera superficial sus heridas, no fue un  trabajo de un médico profesional pero al menos consiguió detener la hemorragia. Aun así la vida del capitán pendía de un hilo pues el mago blanco que acompañaba a los demás era el único que podía salvarlo de las garras del mensajero del Dodheim.
“Aldamir, los magos han llegado a la ciudad en breve estarán aquí y te pondrás bien” Dijo Silke quien estaba sentada al lado de la cama sujetando la mano del capitán.
“Si los magos… hubiesen… estado… aquí desde el principio…” Logró articular entre convulsiones “Te dije que… no te apresuraras”
“Lo lamento, lo lamento mucho” Las delgadas manos de la noble apretaron su agarre en su desesperación mientras que unas lágrimas se deslizaban sobre sus mejillas sonrosadas “Si no hubiese sido tan impaciente… tu… ¡¿Dónde están los magos? Deberían haber llegado ya ¿hay algún doctor en este lugar?!” Gritó exigiendo respuestas a la criada que se encontraba con ellos.
“Mis más sinceras disculpas” Confesó la doncella “El último doctor abandonó la aldea hará una veintena de años atrás, la única curandera es la señorita Slania, pero… ella… bueno…”
Silke ignoró a la doncella apartando su cabeza con brusquedad y clavando sus ojos en Aldamir una vez más.
“Solo era un maldito mocoso, se supone que ejecutarlo no debía ser complicado ¿Cómo hemos acabado en esta situación?” Pensó la sobrina del difunto alcalde en voz alta sin darse cuenta.
“Es… porque era… un Sangrevil” Contestó Aldamir.
“Me niego a creer que ese niño fuese un Sangrevil. Los Sangrevils son demonios mitológicos nacidos de la sangre de los dioses y fueron exterminados por la gran purga hará unos cien años” Contó Silke.
“Heh… tonterías, esos solo son cuentos…” Dijo el capitán.
En ese momento la puerta se abrió y el soldado a cargo de la vigilancia de la habitación entró, hizo una reverencia y habló con voz firme y directa propia de un soldado diligentemente entrenado:
“Señora, he de informar que el los magos han hecho su aparición en el edificio.”
“¡Pues que suban aquí, maldita sea!” Gritó Silke sin poder controlar sus emociones.
“¡Enseguida señora!” Dijo el guardia saliendo por la puerta a toda velocidad.
Pocos segundos después los magos llegaron. Inmediatamente Silke se levantó y permitió que el mago blanco empezase a curar al capitán. Primero recitó el encanto de la magia Somnus con la cual puso a dormir al capitán, luego empezó a recitar una larga cadena de encantamientos para activar la magia blanca que poco a poco sanaba las heridas acelerando la cicatrización mientras restablecía la carne desgarrada junto con sus venas y arterias.
Dejando al mago trabajar tranquilo Silke se acercó hacia los otros dos que esperaban por ella en la otra parte de la habitación.
“Señora, lamentamos habernos atrasado” Se disculpó uno de los magos.
Silke se cruzó de brazos y les lanzó una mirada fulminante.
“Vuestra tardía se ha cobrado vidas que podían haberse salvado” Dijo severamente.
“Acepte nuestras más sinceras disculpas, haremos lo que haga falta para que usted recupere su confianza en nosotros”
Antes que la noble dijese algo, el teniente de los defensores que sustituyó a Aldamir entró en la habitación. Tras un saludo comunicó la situación.
“Teniente Ludran informando. Hemos peinado la ciudad de arriba abajo y no le hemos encontrado”
Colocándose en una pose dubitativa frunció su ceño y mordió su labio, caminó de un lado a otro.
“Entonces debió de escapar al bosque ese” Dijo Silke, volviéndose hacia los magos “Organizaré una partida de caza con vosotros al frente ¿Queréis recuperar vuestro honor? Entonces traedme a ese criminal y a esa mujer ante mi presencia vivos o muertos”
“No la defraudaremos” Dijeron los magos casi al mismo tiempo “Solo una cosa más. Si en el peor de los casos no logramos hallar al criminal ¿Qué es lo que hará?”
La noble mujer meditó por un instante e inmediatamente contestó.
“Si ha logrado escapar, entonces le pondré precio a su cabeza, un precio tan alto que todos los cazadores de recompensas acudirán a encontrarle. Empapelaré todo este reino si hace falta con tal de vengar a mi querido tío” Concluyó mostrando una severa mirada, tras ello ordenó llamar a los soldados dispersos por la ciudad para informarles de su nueva misión.


EL sol hace tiempo se había ocultado tras montañas, pero el color del cielo que se veía entre las ramas de las copas de los arboles indicaba que todavía no era de noche. Apresuré mi marcha aguantando el dolor punzante que el cansancio provocaba en mis muslos mientras sorteaba los obstáculos que aparecían en mi camino como raíces levantadas, rocas o pequeños animales que tan solo huían al verme.
Al fin pude divisar en la lejanía los raíles cubiertos parcialmente por la vegetación. Siguiendo su trayectoria me hallé en frente de la entrada de una inmensa cueva, una que no había visto nunca, puesto que la que el grupo ese usó tenía unas columnas a modo de decoración o soporte, o algo así y la que Samvel y yo usamos estaba en un punto elevado y tuvimos que escalar un poco para poder encontrarla, pero esta está a pie de la montaña, supongo que es otra entrada a las minas. Viendo esta nueva entrada no puede evitar preguntarme:
“(¿Pero cuantas entradas puede tener una simple mina de Mithril?)”
Siguiendo la directriz de Slania me aventuré a esconderme en aquella cueva a pesar de que todo lo que había dentro de mí me decía que no lo hiciera. Al igual que la última vez tuve que alumbrar el lugar usando mi magia, pero a diferencia esta vez mi magia no alumbraba tanto como debía, era como si las sombras estuviesen resistiéndose a ser alumbradas.
Dudaba de que si debía avanzar, pero si me quedaba cerca de la entrada era probable de que ellos me encontrasen. Aun sin estar muy convencido proseguí buscando algún tipo de bifurcación o agujero al que llamar refugio.
Pasé un largo tiempo caminando por él único camino visible que podía alumbrar. No tengo ni idea de cuanto tiempo he estado andando y que nunca llevo un reloj encima porque son cosas que solo los nobles pueden permitirse, solo tenía idea de la hora que era mirando la posición del sol y el color del cielo pero aquí en medio de la oscuridad nada estaba claro.
Miré hacia atrás un momento. La entrada de la cueva y su poca iluminación habían desaparecido hace bastante tiempo. Volvía a mirar hacia delante y nada más que oscuridad en mi campo de visión dudé en continuar y me planteé seriamente en salir de aquél lugar, tal vez ya era de noche y quizás hayan dejado de seguirme.
En el momento en que di por sentado que estaba a salvo unos pasos que no eran los míos hicieron eco en el túnel. Inmediatamente me di la vuelta y alumbré el camino con mi poder al máximo. Al principio pensé que era Slania quien me había encontrado para decirme que podía salir, pero refute esa idea cuando oí varios pasos más acompañando a los primeros, lo que indicaba que eran dos o más.
Mi corazón comenzaba a latir sin parar cada vez con más fuerza, mis manos temblaban y por mi frente un frio sudor se deslizaba.
“(¡No! ¡No! ¡No! ¡No puede ser ¿ya me han encontrado?… ¿Tan rápido?! Mierda, mierda, mierda)” Pensé moviendo el haz de luz de un lado a otro.
Mi poder al máximo enfocado en la palma de mi mano proyectaba un cegador haz de luz que alumbraba casi toda la mina de arriba abajo pero en lo que se refiere a longitud tenía un límite.
Los pasos seguían acercándose a medida que los susurros del eco resonaban con cada vez mayor fuerza a pesar de todo todavía no veía nada ni sus sombras y un fuerte sentimiento de desesperación invadía mi mente.
Apreté los dientes y eché a correr hacia las profundidades de la montaña esperando dejar atrás a quien sea quien me estaba persiguiendo. A medida que avanzaba me iba encontrando con varias bifurcaciones delante de mí, sin saber cuál era la salida correcta me decidí por el camino de la derecha pero en el momento en que pisé el camino un vacío se sintió bajo mis pies y antes de que me diese cuenta el suelo se había desplomado arrastrándome hacia la oscuridad más profunda.
Me incorporé como pude palpando hasta encontrar una pared sobre la que apoyarme para poder incorporarme, el cuerpo entero me dolía, debió de haber sido una caída bastante fuerte, menos mal que estoy vivo y que puedo moverme. Al incorporarme lo primero que hice fue inspeccionar mi cuerpo para ver si tenía heridas o huesos rotos, como no veía nada todo era por tacto. Además del dolor me sentía cansado y tras comprobar los rasguños en mi ropa entendí por qué: cuando me caí me rompí las piernas y me hice algunas heridas pero mi magia me sanó a cambio de mi energía.
Concentré de nuevo mi magia en las palmas de mis manos para crear luz ¿quién necesita linternas o lámparas teniendo este poder?
Iluminé primero el techo para saber cuanta distancia había recorrido y para mi sorpresa, desde mi posición el boquete se veía como una ventana, al verlo di gracias de no haberla palmado por enésima vez. Después di una vuelta completa alumbrando por todas partes para hacerme una idea de donde me encontraba: una galería, al parecer caí de una cueva a otra, que ironía.
Cuando pensé que estaba a salvo oí unos fuertes pasos detrás de mí. Unos pasos que hacían vibrar la tierra y se estaba acercando a mí.
Enfoqué mi luz en su dirección y a cambio algo me rasgó el estómago. Retrocedí inmediatamente pero eso se acercó a mí y me volvió a atacar esta vez hiriendo mi pierna. Vi algo así como una garra cayendo sobre mí y la bloqueé cruzando mis brazos por encima de mi cabeza. Los grilletes de Aldamir que todavía llevaba puestos en mis muñecas se rompieron en pedazos protegiendo mis muñecas de correr su destino.
Junté mis brazos y enfoqué mi energía proyectándola en frente de mí para ver de una vez por todas a quién me estaba enfrentando, pero no es quién sino qué la expresión correcta para describir al ser que se encontraba delante de mí.
Parado ante mí sobre sus dos gruesas patas, un ser que nunca había visto en mi vida. Su tamaño era descomunal, un monstruo de casi tres metros cuya piel era completamente negra al punto de fundirse en uno con la oscuridad, sobre la piel tenía una especie de líneas naranjas que brillaban al contacto con la luz, parecidas a los tatuajes que tenían ciertas tribus, estas cubrían todo su cuerpo y ayudaban a visualizar su cabeza, brazos, piernas, cola y ¿ojos? Recordaba a una mezcla entre un oso y un lagarto. Tenía unas garras largas serradas y dientes afilados que sobresalían de su boca.
Sin muchas posibilidades de hacerle frente a esa criatura eché a correr en dirección contraria a toda velocidad intentando ignorar el dolor de mi pierna sangrante, pero entre el miedo que me ralentizaba junto con inesperadamente velocidad de la criatura que demostró ser tan rápida como poderosa, en un instante me alcanzó hiriendo mi espalda y arrojándome al suelo.
Su garra se clavó en mi brazo desgarrándomelo y me levantó como si fuese una pluma. Saqué un cuchillo de cazador puesto que había perdido los de guerra e intenté cortarle logrando romper la hoja sin siquiera lacerar la piel de la bestia.
“(¿De qué está hecha su piel?)” Pensé viendo el cuchillo roto.
La bestia abrió su boca mostrando dos pares de hileras de dientes ansiosas por triturarme, arrojé mi cuchillo dentro de su boca y le propiné una fuerte patada cerrando  su mandíbula, como respuesta la bestia se encolerizó y me lanzó hacia el otro lado de la galería mientras se retorcía de dolor intentando sacar el cuchillo de su boca.
Aproveché la oportunidad y escapé cojeando mientras alumbraba el camino. No se si estaba viendo visiones pero juraría que hay luz al final de esta cueva. En ese momento vi de reojo como la bestia cargaba contra mí a toda velocidad, aunque me había arrojado lo suficientemente lejos podía recortar esa distancia en pocos segundos.
Recurriendo a una maniobra desesperada dividí mi magia y la redirigí hacia mi pierna con la esperanza de sanarla rápidamente o al menos reducir el dolor.
Saliendo del túnel me halle en el interior de una amplia sala llena de cristales incrustados en las paredes y en el techo que reflejaban mi magia iluminando la sala, era muy bonita llena de colores y todo pero ahora mismo no me era posible pararme a admirarla por una razón muy importante que me lleva siguiendo a gran velocidad.
Adentrándome en aquél lugar busqué desesperadamente algo para hacerle frente al monstruo o un pasadizo para poder escapar de él, cualquier cosa, lo que sea me sería útil en este momento y entonces lo vi, como un regalo divino completamente conveniente, clavada sobre un cúmulo de lo que parecían ser restos de lo que en su día fueron animales se alzaba una espada. Sin pensármelo dos veces me acerqué a ella con mi enemigo a solo un paso de mí, la agarré por el mango y la sangre de mi mano empapó la empuñadura. No tenía tiempo de comprobar si estaba afilada o no o si se podía sacar, tan solo reuní toda mi magia y la concentré en el filo sacándola se la tierra.
El monstruo se abalanzó sobre mí apuntándome con sus garras, por mi parte blandí la espada girando sobre mi mismo al tiempo en que me agachaba esquivando su zarpazo para poder trazar una curva en el aire con la espada. Inesperadamente la hoja partió al monstruo por la mitad son suma facilidad, no se si era por la cantidad de magia imbuida por la fuerza depositada en el corte pero logré acabar con él, o eso pensaba porque para mi sorpresa la parte superior aun tenía la suficiente fuerza y vitalidad como para caminar sobre sus manos, se acercó a mi buscando morderme pero atravesé su cabeza clavando de nuevo el filo en la tierra.
Retrocedí dos pasos y me desplomé sobre el suelo. Los esfuerzos hechos en Mattel, el recorrido del bosque junto con el incidente de la cueva me estaban pasando factura. Lentamente sentía mi consciencia desvanecerse, mis ojos se cerraban a medida que entraba en un placentero sueño.
Cuando recobré la consciencia sentí un fuerte mareo, mi cabeza daba vueltas apenas podía incorporarme y tardé alrededor de un minuto en recordar donde estaba, nada más hacerlo concentré al instante mi poder en mis manos para alumbrar la cueva, como resultado pecando de idiota porque la luz rebotó sobre los cristales y de un momento a otro la sala golpeó mis ojos con un destello tan fuerte que casi me vuelve a dejar inconsciente. Rodé por el suelo mientras cubría mis ojos esperando que estos se adaptasen, no se me ocurrió bajar la intensidad de la luz hasta dentro de un rato, si es que a veces me avergüenzo a mí mismo de mi idiotez, menos mal que aquí no hay nadie para reprochármelo.
En ese momento me di cuenta de algo, no había nadie y con ello tampoco estaba el cadáver del monstruo al que maté, en su lugar solo estaba la espada clavada en el suelo, no sabía si esa era la posición en la que la dejé pero daba igual.
Me acerqué a ella y la saqué del suelo para observarla más de cerca. Era una espada extraña, su filo era cónico de un color azabache impregnado con líneas brillantes de color amarillo que la recorrían de arriba abajo, su guarda tenía forma de vamplate con un pincho en lugar de un pomo, parecía más una lanza que una espada pero sus dimensiones no concordaban con ninguna de las dos armas. Aun así esto me salvó la vida, no se quién la puso ahí pero se lo agradezco mucho, además de que por fin he conseguido lo que tanto he ansiado durante todo este tiempo: una espada, mi primera espada. La alcé sobre mi cabeza admirando su forma y luego la blandí cortando el aire durante un rato bastante largo.
Mi momento de felicidad fue interrumpido por un rugido, uno proveniente del fondo de la cueva, el cual me hizo darme cuenta de que todavía estaba en un lugar peligroso y debía salir de inmediato.
 El objetivo es volver a la superficie, busqué en medio de esta sala llena de cristales una salida adicional pero al parecer esta sala solo era un callejón sin salida, si quería salir debía volver por donde había venido y es justo en esa dirección donde se escuchaban rugidos y gritos de bestias.
“(Tal vez los soldados de esa mujer están combatiendo contra ellos, si ya han llegado hasta aquí eso quiere decir que podría encontrarme con ellos en cualquier momento)” Pensé apretando el mango de la espada “Me las pagarán”
Salí de aquél lugar y recorrí la extensa sima subterránea, sus caminos divergentes, escalé los riscos, llegué al nivel superior desde la cual supuestamente había caído, pero por alguna razón no encontraba los raíles que conducían a la salida, es más la cueva se extendía como si hubiese sido transportado a otro lugar. Confundido vagué por todas partes buscando una salida de este laberinto soportando el aire cargado y la amenazante sensación de ser vigilado que me hacia mirar atrás cada cinco segundos, era agobiante.
Bajo mis pies a veces a veces aparecían restos de animales, cuyos huesos crujían bajo el peso de mis botas, algunos estaban desgastados pero otros eran recientes, siguiendo los restos recientes quizás me llevarían hasta los soldados, a los cuales les emboscaría y averiguaría como salir de aquí, un plan realmente ingenioso, sin embargo para mi sorpresa perdí la pista de los cadáveres cuando me encontré con unas toscas escaleras hechas de piedra.
Bajo la creencia de que esas escaleras conducían a la salida de la cueva las seguí sin dudarlo. Subí, subí y seguí subiendo un rato demasiado largo para mi gusto.
“Llevo ya veinte minutos subiendo escaleras ¿Dónde está la salida? No recuerdo que la montaña fuese especialmente tal alta”
Comenzándome a sentirme nervioso e impaciente, comencé a subir cada vez con más velocidad hasta que al fin lo vi, luz natural, el final de la cueva estaba cerca. Con un último esfuerzo me apresuré a salir.
A la luz de la luna pude darme cuenta de donde estaba: en la cima de la montaña.
Mi cara en ese momento era un poema en sí mismo, como si alguien acabase de gastarme una broma en mi cara y estuviese riéndose delante de mí.
Ya me parecía extraño ver la luna llena tan grande, pero no podía creerme que había llegado a la cima, no entendía nada. Me acerqué al borde para ubicarme, pero las densas nubes oscuras que abrazaban la cima lo opacaban todo.
Es de noche, el viento era demasiado frío y no tenía con qué calentarme, pensé en volver a la cueva a regañadientes, pero entonces algo llamó captó mi atención. A la derecha, sobre una elevación había una enorme construcción que difícilmente pasaba inadvertida.
Un camino conectaba el edificio con la entrada de la cueva, a ambos lados del camino se alzaban dos hileras de columnas blancas, algunas estaban enteras y otras hechas pedazos.
Me acerqué a la enorme puerta de metal y empujé con todas mis fuerzas forzando a que se abriese.
Una vez dentro, contemplé el interior con curiosidad: Estaba todo destrozado, baldosas levantadas, las estatuas incrustadas en cada pared eran irreconocibles y otras rotas en el suelo, el tejado tenía algunos agujeros pero en general parecía estable, el ambiente era sombrío y la luz de la luna no iluminaba lo suficiente por lo que usando mi magia aclaré los rincones más oscuros. Había una serie de pilares antorchas conectados que se supone que podían iluminar el lugar, pero no tenía el óleo para arder.
“¿Esto es un templo?” Pregunté retóricamente en voz alta.
Busqué algo para encender una hoguera, puesto que iba a pasar aquí la noche necesitaba caldear un poco el ambiente. Aunque mi magia podía ser muy versátil no podía crear llamas ni tampoco agua, en estos momentos desearía tener el poder de Slania. Solté un suspiro lamentándome de mi situación y de pronto me acordé que tenía un pedernal guardado que siempre llevaba encima, rebusqué entre mis bolsillos y al final lo encontré.
Sonreí victorioso para luego proceder a juntar todo lo que podía arder. Junté madera aunque la mayoría estaba podrida, algunas ramas secas y el carbón restante de los pilares antorchas. Seguí rebuscando entre los escombros llegando al altar, donde descubrí que este podía abrirse retirando la parte superior del mismo descubriendo el tesoro que ocultaba: una caja, una caja de madera ornamentada con detalles tallados a mano, seguro que valía una fortuna por si sola.
“Que bonita es, arderá estupendamente”
Al sacarla me di cuenta de que llevaba algo pesado en su interior. La abrí y dentro encontré un pequeño lingote, un lingote de metal pero no un  metal cualquiera, sino de Orichalcon, un mineral que según lo que Slania me ha contado era adorado como divino por los antiguos y ahora la iglesia los considera un metal demoníaco. Sujetándolo en mis manos observándolo cuidadosamente, no veo qué tiene de especial este trozo de metal, pero de seguro que es valioso y como es ligero me lo guardé.
Rompí la caja con ayuda de la espada y la dejé en medio de los tablones que junté cerca de la pared del fondo, con el pedernal y el cuchillo de caza que me regaló Samvel prendí fuego, dejé la espada dentro de la ánfora rota que tenía a mi lado y luego me recosté apoyando mi espalda en la pared, ahora lo único que quedaba era tener algo que comer, pero no se puede tener todo. A pesar de las condiciones no tardé en quedarme dormido.
Los rayos del sol me obligaron a abrir los ojos. Sentí un incómodo dolor en el cuello y en la espalda por dormir en una mala posición.
Al mí alrededor todo seguía en su sitio salvo la hoguera que se había apagado hará tiempo. Iluminado con la luz del sol el templo se veía con más claridad, incluso descubrí que las paredes aún conservaban trozos de azulejos con dibujos geométricos que parecían estrellas poca importancia le di a todo eso.
Me levante con algo de dificultad, luego realicé unos estiramientos que hicieron crujir mis huesos para finalmente agarrar mi espada y salir del templo.
Sentía seca la garganta y vacío es estómago pero todavía no me sentía agotado, lo cual es bueno pero es una lástima que no pueda volver a casa. El solo pensar en ello oprime mi pecho y enfurece mi corazón.
De ninguna manera volvería a entrar en esa cueva, si tenía que bajar lo haré por la ladera de la montaña. Será un suicidio pero es mejor eso que volver a ese lugar, sin embargo todavía había algo que me incomodaba puesto que pasé toda la noche a la intemperie cerca de la salida de la cueva ¿Cómo es que todavía no me han encontrado?
Definitivamente es extraño. Por mi mente pasaron algunas razones por las cuales los soldados todavía no subieron hasta aquí aunque me daba igual, lo importante ahora es bajar la montaña.
“(Si mi sentido de orientación es correcto esta es la dirección por la que debo bajar)” Pensé mirando en la dirección sur “(Cuando llegue al bosque, el siguiente problema será atravesar Mattel para ir al pueblo, tal como dijo Slania, quizás me haya desviado un poco pero aun tengo la esperanza de salir de esta situación)”
Sin más dilación  bajé por la escarpada pared montañosa clavando la espada imbuida en magia para hacer de soporte y saltando a los peldaños más grandes. Sorprendentemente la espada realizó bien su labor, es mucho más elástica de lo que parece aunque no entiendo por qué se sacude un poco cuando es doblada.
La cortina de nubes se despejaba a media que bajaba lo que facilitó el descenso, pero cuando me di cuenta el bosque había desaparecido, ante mí vastas planicies se extendían hasta el horizonte.
“(¿Me he equivocado de camino?)” Era obvia la respuesta, un bosque no desaparecía de la noche a la mañana “Planicies…” Nunca se me ha dado bien la geografía, pero estas debían ser las Planicies de la eternidad, si no me equivoco están al noroeste de las Montañas del Ocaso “En resumen, estoy perdido”
Sin tener lugar para volver, vagué por ese desconocido lugar.
Las Planicies de la eternidad, unas extensas llanuras que limitaban con las Montañas del ocaso haciendo frontera con el Reino de Walache, desconozco a qué reino o imperio le pertenecen, lo que sí sabía de ellas era lo que Slania me contó: un lugar salvaje y peligroso, eso es todo. Recordando eso desearía volver atrás en el tiempo para poder preguntarle más acerca de este lugar.
Tras una larga caminata me di cuenta de varias cosas, una de ellas era que el día duraba demasiado, normalmente el sol ya debía de haberse ocultado pero ahí estaba alumbrando como si la cosa no fuese con él. Nunca vi un lugar tan vasto y desolado, apenas había animales, la vegetación era amarilla y seca con unos pocos árboles separados unos de otros con muchos metros de distancia, lo que me llamó la atención de estos árboles es son realmente enormes y gruesos, ni siquiera los árboles más antiguos del bosque llegaban a tener un tronco como ese: rectos y liso con gruesas ramas que solo estaban la copa, la cual ni se comparaba con los arboles del bosque, a mi parecer era un árbol obeso, nunca había visto algo así en mi vida. Y ahí estaba observándolo con la boca abierta.
Sentía una inmensa curiosidad así que escalé uno de ellos como pude y al llegar a una de sus ramas pude contemplar con mayor claridad la vasta llanura que se extendía ante mí, sin querer miré al suelo y una sensación de vértigo me asaltó, retrocedí hasta el tronco y traté de controlar mis nervios.
La pregunta ahora era como bajar de aquí, porque en una montaña escarpada había donde agarrarme pero en este tronco carente de ramas la cosa era distinta.
Mientras pensaba me di cuenta de un pequeño detalle que pasé inadvertido y era que este árbol tenía frutos, unos verdes y otros marrones. Intenté alcanzar uno marrón, pero al tocarlo este cayó al suelo y yo me asusté. Al cabo de un rato respiré hondo y usé la misma técnica que usé al bajar la montaña, clavar la espada en el tronco a modo de soporte y esta vez apoyándome con el cuchillo de cazador que me regaló Samvel imbuidos ambos con mi magia.
No tardé en bajar, de hecho fue relativamente fácil y me extrañaba porque llevo casi toda la mañana usando magia y todavía no estoy agotado, de hecho me mes más fácil moldearla que antes.
Busqué la fruta que había caído al suelo pero encontré varias, al partirla descubrí que dentro estaba su pulpa. De aspecto deshidratado, polvoriento, de color blanquecino su sabor es ligeramente ácido. Estaba bueno aunque no me acababa de convencer el sabor pero redujo un poco mi hambre, pero incrementaba la sensación de sequedad en mi garganta.
Después de esta pequeña pausa me alejé del árbol y continué mi camino aun sin tener un destino decidido.
Según las palabras de mi padre:
“Un hombre puede vivir una semana sin comer pero solo tres días sin beber”
La prioridad ahora es encontrar agua un río bastaba. Observando a mi alrededor solo veía matojos, árboles y rocas, coloqué la cabeza sobre la tierra, si hay agua fluyendo podía oírla… soy demasiado optimista. La opción que me quedaba eran los animales, ellos necesitan beber, por lo que si encuentro uno podría seguirle y tal vez encontraría agua o me lo comería las dos opciones son aceptables.
Sin perder tiempo aproveché las horas de luz buscando huellas en la tierra, sobre el follaje, ramas rotas, tierra escarbada, eran algunos de los consejos que Samvel me enseñó durante las partidas de caza.
Encontré un rastro fresco y lo seguí hasta una pequeña madriguera en donde descubrí a un raro animal que no había visto antes, era como un conejo dorado, con patas de gato y un cuerno afilado sobresalía de su cabeza. Esa pequeña criatura salió de su madriguera cuando llegué, se quedó quieto mirándome con sus ojos negros en un semblante tranquilo y estoico. De un momento a otro, sin previo aviso saltó hacia mí embistiéndome con su cuerno a la velocidad de un rayo, por acto reflejo atrapé su cuerno con mi mano desgarrándome la palma en el proceso, con mi otra mano le agarré por debajo de la cabeza y en un pequeño movimiento le rompí el cuello haciendo que este soltase un fuerte crujido.
“Ya tengo la cena de esta noche, pero me falta todo lo demás”
Me di cuenta de que había gastado todo el día buscando huellas y aunque tenía carne para dos días, todavía no he encontrado agua y eso era preocupante.
Sin más dilación preparé una hoguera y cercené al animal y lo empalé para asarlo sobre el fuego, como una barbacoa improvisada. Mientras esperaba que la carne estuviese en su punto me di cuenta de lo oscura que era toda la llanura, casi igual que el bosque o más ya que la luz de la luna no alumbraba lo suficiente. Era oscuro pero no desolado, si cerraba los ojos podía sentir alaridos, pisadas y demás dándome a entender que los animales de este lugar eran completamente nocturnos, pero creo que no se atreverían a acercarse mientras la hoguera estuviese encendida, si no había Wargos, por supuesto.
Una hoguera en la noche en mitad de la nada daba tiempo para pesar. No era la primera vez que comía al aire libre, pero si era la primera vez que comía solo.
El animal sabía bien, era suave y tierna casi se deshacía en la boca y este solo era el muslo del animal, todavía faltaba el lomo, las costillas, la paletita, el hígado, el corazón… Si no me lo comía ahora entonces tendría que tirarlo ya que no tenía donde conservar los pedazos.
La noche pasó sin problemas, puse suficiente leña como para que ardiese hasta la madrugada.
Abrí mis ojos con los primeros rayos de la luz matutina, me había quedado dormido rápidamente y olvidé echar más leña al fuego. Comprobé si no me faltaban miembros y así era, otra noche que tuve suerte de sobrevivir.
Me levanté con ganas de desayunar la carne que sobró de la cena de ayer, temía que esta se hubiese estropeado por el calor, pero para mi sorpresa la carne no estaba.
“Juraría que la dejé al lado de la espada, no pudo haberse escapado no tenía piernas, me las he comido ayer (Qué cosas más raras están pasando. Creo que debió haber sido un animal, cuando se apagó la hoguera se acercó y tomó los pedazos antes que a mí, si, debe de ser eso)”
Al sostener la espada entre mis manos no pude evitar recordar lo mucho que quería una, eventualmente recordé sin querer todo lo ocurrido hace tan solo unos días. Maldije a Morritz, al alcalde y a su familia junto con la gente de Mattel y seguí mi camino. Aunque todavía me pregunto cuál fue la razón de que el herrero me traicionase, no lo entendía a pesar de haberlo pensado todo este tiempo ¿acaso hice algo mal? Sacudí mi cabeza de un lado a otro, si me sumergía en esos pensamientos me deprimiría y este no es momento para estar deprimido.
Pasé varias horas caminando bajo un sol sofocante, de vez en cuando miraba al cielo con la esperanza de que apareciesen nubes y que estas tapasen el sol, era mucho pedir. Cada paso que daba mi garganta se volvía más seca, desesperaba por un trago de agua.
Me refugié a la sombra de uno de los árboles, en el suelo había algunos frutos maduros, los cuales estaban siendo comidos por pequeñas criaturas marrones con un pico en lugar de boca. Al verlos picotear la cáscara hasta romperla me vino una idea a la cabeza. Volvía subir hasta la copa del árbol con la técnica ya utilizada y busqué entre las hojas los frutos verdes. Corté uno con la ayuda de la espada y lo agité sintiendo algo moviéndose, con la ayuda del cuchillo hice un orificio del cual empezó a brotar un líquido transparente. Tomé un poco, sabía amarga como un zumo de limón sin azúcar pero ayudó a calmar mi sed, tras ello seguí mi camino.
Durante el trayecto descubrí varios animales que nunca había visto en mi vida, unos que parecían gatos enormes de pelaje naranja con una negra melena puntiaguda con largos dientes serrados sobresaliéndoles de la boca que atacaban a unos que parecían caballos con cuernos recurvados cuyo cuerpo era de color blanco y negro. También había bestias colosales de color gris con cuellos tremendamente largos, esos se comían las hojas de los árboles, quizás por eso haya tan pocas copas frondosas. Por el cielo también surcaban extraños pájaros con forma de peces, otros, de alas negras se amontonaban en lo cadáveres de los animales muertos buscando carne, esos eran espantados por bestias humanoides de cabeza de perro y brazos de dragón. Muchos de esos animales me observaban, pero por alguna razón no se atrevían a darme caza, también ayudaba a que intentaba pasar desapercibido.
Pasaron cuatro días, desde que bajé de las montañas, caminé y cacé cada día mientras buscaba el camino hacia la civilización. Encontré pequeños oasis, los cuales estaban bien protegidos por fieras bestias con forma de dragones reptantes que generaban electricidad por las púas de su lomo, aunque parecían ser peligrosos eran bastante lentos, no hacía falta matarlos solo atraerlos hacia un punto, ir, calmar mi sed y volver a escapar.
Continué con mi viaje a veces pensando que estaba andando en círculos, hasta que finalmente un día a mediodía, mi largo trayecto siguiendo rastros por fin dio sus frutos pues encontré un sendero. A juzgar por la tierra separada y las pocas plantas que invadían los pequeños surcos este sendero debía de ser bastante transitado, lo que quiere decir que si lo sigo llegaré hasta un asentamiento. La dirección debía de ser la opuesta respecto a la inclinación de la hierba.
Siguiendo el camino me topé sin darme cuenta con un convoy de caravanas que pasaba casualmente por allí.
Era un convoy enorme: al frente y a sus lados había un gran número de soldados haciendo la función de escoltas. Esos soldados portaban armaduras hechas de cuero y cotas de mallas doradas cubiertas por tela roja y negra que cubría las partes no blindadas, su yelmo cubría  toda su cabeza a excepción de sus ojos. A mi parecer era una armadura adaptada a este entorno, muy diferente de las que portaban los soldados de Mattel quienes estaban acorazados de pies a cabeza con metal reluciente.
En la primera caravana, la cual estaba siendo tirada por dos enormes bestias cuadrúpedas de pelaje marrón, había un hombre sentado bajo un gigantesco parasol justo detrás del cochero. Ese hombre de cuerpo rechoncho con su pelo largo negro esparcido por sus hombros vestía un traje de seda blanca y morada con adornos dorados, aparentemente costoso, junto a él había dos magos sentados a cada lado: uno es un mago oscuro ya que esos son los que llevan una vara con un orbe negro y visten un sombrero ancho junto con una túnica negra. El otro mago era un mago azul, que en lugar de vara tenía una lanza encantada, llevaba un traje azul y blanco en lugar de una túnica. Era increíble la diferencia que había entre unos magos y otros.
Me quedé embobado mirando el convoy y no me di cuenta de que estaba obstruyéndoles en su camino.
“¡Eh tu apártate!” Gritó el soldado que iba al frente con un acento gutural que no había oído en mi vida.
“Lo siento, no quería molestar” Dije alejándome de ellos con algo de prisa.
Salí del camino y la primera caravana pasó de largo.
Detrás de esa caravana le seguía otra, solo con un cochero, pues el carro llevaba atadas unas cadenas que sostenían una larga fila de esclavos, fugitivos y prisioneros de guerra, todos ellos amarrados de pies y manos por gruesos grilletes. No sentía lástima por ninguno de ellos ni tampoco me importaba su situación, pero no quería unirme por nada en el mundo, así que decidí pasar de largo, pero por alguna razón el convoy se detuvo.
“¡Parad la marcha!” Ordenó el hombre del traje de seda. Se levantó de su asiento, guardó el rollo de papiro que sujetaba entre sus manos y se acercó al borde de la carroza, clavó sus negros ojos en mí mostrando un fuerte interés en mí pero no como persona “¡Eh tu!” Me llamó “No pareces ser de por aquí ¿de donde eres?”
Me tomé unos segundos meditar lo que podía decir, por un lado podría contestarle pero ese hombre es un traficante de esclavos y enfadar a uno no es muy recomendable.
“De la ciudad que hay al otro lado de esas montañas” Señalé hacia las montañas que apenas se divisaban en el horizonte, entonces me di cuenta de toda la vasta distancia que he recorrido.
El comerciante de esclavos sacó de nuevo el rollo guardado en su bolsillo, lo observó por un momento para luego guardarlo inmediatamente.
“¿Dices que vienes de las Montañas del Ocaso?... ¿Por qué será que no me lo trago?” Expresó formando una sonrisa burlesca de alguien que acaba de pillar a un mentiroso.
“(Me está llamando mentiroso) Os aseguro que no miento, es la verdad” Dije tratando de sonar tranquilo cuando en el fondo estaba muy nervioso, francamente no se como puede terminar esto, por eso intento no enfadarle.
“Claro, como no” Dijo el comerciante entre risas “Es muy normal recorrer las Planicies de la eternidad y sobrevivir a la maldad que campa por estos lares, como quien pasea por el patio de su casa, ¡Claro que sí campeón y yo voy y me lo trago!” A medida que hablaba su voz se alzaba y su expresión cambiaba de sarcástica a agresiva “¿Acaso me has visto cara de tonto? ¿Eh? Sabes lo que pienso, que eres un maldito siervo que desertó de sus obligaciones y escapó de su amo, lo cual es un delito, podría ordenar matarte ahora mismo, pero… ummm creo que alcanzaras un buen precio en el mercado” Se frotó las manos imaginando la recompensa por mi cabeza.
“(Ya  veo, a ese gordo no le importa la verdad solo quiere venderme, tengo que salir de aquí ahora mismo) Ya se lo he dicho, señor, no soy un siervo ni tampoco un delincuente, solo soy un transeúnte que busca un pueblo”
 “Oh que increíble coincidencia yo conozco un buen pueblo, si quieres puedo mostrártelo solo tienes que acompañarnos” Habló mientras hacía gestos algo excéntricos.
“(Si que tienes cara de tondo si crees que me puedes engañar como a un niño pequeño) No gracias, se lo agradezco mucho, pero puedo buscarlo por mi propia cuenta. Viajar con alguien como usted sería una verdadera estupidez” Me di cuenta de que los soldados se estaban empezando a mover disimuladamente intentando rodearme, antes de que lo lograsen me di la vuelta y caminé en dirección contraria por donde vino la caravana, pero en ese momento la tierra se abrió dejando salir unas columnas de fuego dorado que actuaron a modo de muro impidiéndome avanzar. Volteé y vi al mago negro conjurando ese hechizo.
“¿A dónde te crees que vas? No hemos terminado de hablar… Sabes, es un tremendo insulto dar la espalda en medio de una conversación” Volvió su mirada hacia el mago negro “Captúralo” le ordenó.
“Enseguida” Dijo el mago negro recitando un rápido cántico.
El fuego desapareció cuando la tierra se deformó a mis pies formando una jaula a mí alrededor.
“Muy bien hecho ahora tenemos a uno más, soldados ponedle los grilletes” Ordenó el mercader lleno de alegría “Cuantos más mejor” Sin embargo su sonrisa desapareció cuando vio como destrozaba la jaula con mi arma “¿Pero qué…?” Preguntó sin creerse lo que estaba viendo. Miró hacia su mago, luego hacia mí y luego al mago otra vez, el cual tenía la misma cara de perplejidad. Los soldados apresuraron a desenvainar sus espadas “Veo que nadie te ha enseñado modales, chico” Dijo el mercader ya en tono serio.
“¿Tener modales significa someterme a la opresión en contra de mi voluntad?” Pregunté.
“Los siervos están para servir a sus amos, la voluntad es una mera ilusión de una libertad que no necesitáis” Argumentó “Y ya he malgastado suficiente tiempo contigo, tengo asuntos más importantes que atender ¡Mercenarios, capturadle!”
Al grito de su orden los soldados corrieron hacia mí. Retrocedí hasta que mi espalda chocó contra una pared de piedra que antes no estaba ahí, debió ser otro de los encantamientos del mago negro, el cual ya estaba cantando su siguiente hechizo con su vara extendida en mi dirección.
Una mano de barro surgió de la tierra atrapando mi pierna, la corté sin problemas pero otras aparecieron obligándome a moverme constantemente, pronto me di cuenta de que al esquivarlas me estaban conduciendo hacia un encuentro inevitable con los soldados. Aunque eran demasiados, no debían ser más fuertes que los defensores de Mattel porque supuestamente un defensor está entrenado para aguantar golpes y además, ahora no estaba tan indefenso  pues tenía una buena arma conmigo.
Desvié el sablazo del primer soldado usando mi espada y le devolví el golpe, pasé a su lado y me agaché esquivando el ataque del siguiente soldado, luego desvié una estocada de un tercero y corrí entre las filas esquivando los brazos de barro que seguían emergiendo del suelo. No todos intentaban herirme, algunos querían inmovilizarme usando redes o simplemente abrazarme desde atrás, a los que respondía a puñetazos o simplemente empujándolos.
Sus armaduras ligeras les permitían moverse con más libertad y eso era un problema ya que si continuaba evadiéndolos a este ritmo me acabarían rodeando. Era hora de tomarme esto con más seriedad, si quería escapar tenía que estar dispuesto a todo.
Detuve abruptamente mi carrera y me lancé en dirección contraria justo hacia los mercenarios. Salté esquivando un ataque dirigido hacia mis piernas, rodé por el suelo situándome detrás de uno de ellos y de un corte limpio le rebané las piernas a un grandullón armado con una maza. El soldado cayó al suelo aplastando a su compañero que estaba a su lado. Me acerqué a otro y le corté la mano que sujetaba la espada, uno de ellos se acercó a mí intentando golpearme con su escudo de cuero, atrapé ese escudo y lancé al soldado al suelo para luego cortarle la espalda, seguí atacándoles poniendo toda mi fuerza en cada golpe que daba, mientras que trataba de esquivar los ataques del mago negro, el cual empezó a invocar diversas bestias hechas de tierra, barro y piedra.
Esos monstruos no se parecían en nada al que me enfrenté en las minas, más bien tenían forma de animales que había visto recientemente.
Sobre la caravana, el mercader observaba atónito el espectáculo junto, al igual que los esclavo, quienes de entre ellos intentaban aprovechar el momento de distracción para abrir sus candados y escapar, pero los grilletes eran de buena calidad y costaba forzarlos.
“P… pero… ¡¿Pero que ostias hacéis, que puñetas estáis haciendo?! ¡Solo es un maldito crío ¿por qué aun no lo habéis atrapado?!” Miró al mago negro exigiendo explicaciones con su mirada, a lo cual el mago tragó saliva y se esforzó más en sus hechizos empezando por bajar del carro para estar en contacto con el elemento que utilizaba.
El mago azul, el cual se había quedado sentado mirando las acciones de su jefe y los mercenarios, decidió tomar cartas en el asunto, así pues se levantó y se acercó hasta la barandilla que sostenía el peso del enfadado mercader.
“Señor ¿puedo dar mi opinión?” Preguntó el mago educadamente.
“Habla” Ordenó el mercader sin apartar la vista del campo de batalla.
“Permanecer en este lugar más tiempo podría ser peligroso, debemos cesar la captura y continuar antes de que caiga la noche” Aconsejó el mago azul en un tono calmado pero directo.
“Me niego, no reanudaremos la marcha sin antes capturarle” Contestó el mercader.
Aunque la respuesta no fue del agrado del mago, aun así siguió intentando persuadirle.
“Su manejo de la espada es pésimo y sus movimientos son toscos y predecibles, pero su fuerza y velocidad no son normales para un niño de su edad, de ser más fuerte que un soldado entrenado, apostaría que ese niño es un Sangrevil”
“¿Eh? ¿Te refieres a esos vampiros del reino de Walaske? Hace un siglo que la iglesia los extinguió a todos. Pero de ser cierto entonces más razón para capturarle”
Su respuesta acabó con la paciencia del mago azul.
“¡No lo entiendo ¿por qué tienes tanto empeño en capturarle? cuanto más tiempo pasemos en esta llanura, nosotros…!”
El mercader interrumpió su reclamación alzando su propia voz.
“¡Porque la recompensa por cabeza de ese maldito crio, vale más que la mitad de estos esclavos, mis instintos de mercader reaccionaron al verle!” Clavó sus ojos en los del mago “Hablas mucho de sobrevivir pero poco veo que haces por ayudar”
El mago azul cerró su boca e indignado bajó a regañadientes de saltó desde la caravana. Una vez en el suelo desenvainó su cimitarra para comenzar a recitar un hechizo que parecía un canto. La hoz se tiño de color azul celeste y emitió una onda de choque que golpeó a todos los soldados que se encontraban luchando. Las armas de los soldados brillaron con la misma luz que emanaba de la cimitarra, tras ese encanto el mago comenzó a cantar simultáneamente otro canto de efecto desconocido.
Con el apoyo de ambos magos la moral de los mercenarios de repente se alzó como por arte de magia y por alguna razón comenzaron a atacar de una manera demasiado agresiva, casi suicida podría decirse ya que se lanzaban directamente hacia mi sin importar ser heridos.
Una espada pasó por encima de mi cabeza obligándome a agacharme, rodé por el suelo esquivando un ataque desde detrás provocado por una maza del soldado al que le corte las piernas, ahora parado ante mí como si tal herida nunca fuese infligida, así mismo también me encontré con otros soldados a los que herí y ahora volvían a luchar con ganas de venganza. Al principio no entendí lo que estaba pasando, pero al ver al mago azul cantando me di cuenta de que ese milagro era parte de un hechizo que devuelve a los caídos a la batalla.
Inmediatamente me di cuenta de lo que significaba una batalla de desgaste peor aun, esta batalla estaba totalmente en mi contra por culpa de esos magos, ahora entiendo la advertencia de Slania.
Ante la agresividad de los soldados respondería con más agresividad aún. Imbuí mi arma con mi propia magia y me abrí paso a la fuerza entre los solados cortando a todo aquél que se cruzase en mi camino hasta lograr ver una posible salida de este lugar.
La sangre me salpicaba la cara. Brazos, piernas y cabezas volaban por los aires con cada golpe que daba, caían al suelo tiñendo la hierba amarilla de color rojo. El sentimiento de desesperación se estaba desvaneciendo poco a poco a la vez que era sustituido por un frenesí constante que me incitaba a más. Era la primera vez en mi vida que sentía tal emoción.
Mi acometida logró que los mercenarios abriesen brecha en su formación, vi la salida ante mis ojos y lo único que se interponía entre ella y yo eran dos bestias mágicas, una de barro junto otra de grava.
Me lancé hacia ellas a toda velocidad. Con mi poder hacer pedazos a esos seres, eso pensaba hasta que sin previo aviso desde el cielo una enorme garra descendió aplastando a ambas bestias. Me detuve en seco al igual que los soldados ante la nueva criatura que había aparecido ante nosotros.
Alzando la mirada hacia el cielo pude apreciar una colosal criatura con la forma de un águila cuyas plumas de color de bronce y negro revestían su cuerpo como si de una armadura se tratase. Sus patas eran gruesas con garras reforzadas y su cola estaba conformada por plumas ligeras que ondeaban como si tuviesen vida propia.
Los ojos amarillos del pájaro brillaban como las estrellas y me miraban fijamente cada vez que se ladeaba su cabeza de un lado a otro. Sin previo aviso abrió su pico mientas agachaba su cabeza intentando comerme. Con mi espada le asesté un fuerte golpe a su pico, el cual resistió el impacto a pesar de estar cubierto por mi magia.
El contrataque que hice no le hizo gracia alguna al pájaro pues volvió a intentar comerme con mayor agresividad en sus movimientos.
Me hice a un lado permitiendo al pájaro blindado atrapar al soldado que estaba detrás de mí, quien lanzó su último grito de auxilio ante de ser partido en dos.
En ese momento el cielo se oscureció por un momento, entorné la mirada hacia el cielo y vi varios pájaros como que estaba a mi lado devorando al soldado, todos ellos estaba planeando sobre nuestras cabezas. Al parecer la batalla llamó la atención de esos seres alados mientras estaban sobrevolando la zona y al vernos a todos tan juntos moviéndonos de un lado a otro, decidieron unirse a la fiesta.
“¡Son Rukhs!” Gritó el mago azul “¡Estado atentos, formación defensiva especial!” Ordenó cantando un nuevo conjuro que imbuyó su arma transformándola en un arco y disparando una flecha al pájaro que estaba devorando al soldado, la flecha impactó en el ojo del animal quien echó a volar.
Dos de esos Rukhs, como los llamó ese hombre aterrizaron sobre el grupo de mercenarios dispersándolos. Empezaron a picotear ensartando a los menos afortunados. Uno de ellos cayó sobre mí pero no logró aplastarme dado mi velocidad, me lanzó una serie de picotazos que dejaron surcos en el suelo al ser esquivaos, al ver que sus ataques no funcionaban el Rukh alzó el vuelo y arremetió contra mí desde el aire.
Mientras tanto la caravana de esclavos tampoco se libraba del peligro.
“¡Rápido, proteged a los esclavos!” Gritó el mercader a los soldados que se quedaron custodiando las carrozas. 
“Preparad los arcabuces” Siguiendo la nueva orden de su jefe, los mercenarios sacaron unas armas en forma de barras, las cuales olían a pólvora. Apuntaron al Rukh más cercano y al unísono soltaron una descarga estridente. Las balas de plomo volaron silbando en el aire e impactaron contra el cuerpo del pájaro, pero rebotaron debido a la dureza de las plumas actuaban a modo de armadura. Es en ese entonces que el mercader entendió que no había manera de luchar contra esas bestias, si siquiera sus mejores armas mágicas  lograban alcanzarles “Capitán, salgamos de aquí. Avisa a los magos, nos volvemos a Sandur” El capitán asintió ante la nueva orden del mercader y rápidamente mandó mensajeros.
Cuando la caravana estaba dando la vuelta un Rukh embistió contra ella lanzando la carroza del mercader por los aires junto con el cochero, el cual fue devorado mientras estaba en el aire. La carroza cayó al suelo rodó levantando una nube de polvo.
Otro Rukh aterrizó cerca de los esclavos aplastando la carroza. Agarró con su pico al primer esclavo que se cruzó en su mirada posiblemente era el que más gritaba de todos ellos. Como todos iban encadenados los unos a otros el levantar a ese esclavo todos fueron arrastrados, sin embargo la cadena también molestaba al Rukh quien no podía tragarse al esclavo en su totalidad, algo que le empezó a molestar. Sacudió su cabeza de un lado a otro buscando separar al esclavo de los demás, pero la cadena era demasiado fuerte.
En ese momento las bestias de tierra invocadas por el mago negro se abalanzaron contra el Rukh en un ataque sorpresa que le obligó a soltar a los esclavos, quienes cayeron al suelo. El mago negro llamó la atención del pájaro al conjurar una bola de fuego que impactó directamente contra la cabeza de la bestia dañándola levemente, el pájaro abrió sus alas de par en par graznando mientras abanicaba con fuerza intentando intimidar al mago, pero en realidad estaba llamando refuerzos, pues otro Rukh apareció detrás del mago atacándolo con sus garras. Con extraordinaria rapidez, el mago conjuró una pared de tierra que absorbió el daño, al derrumbarse los pájaros vieron al mago rodeado con un pequeño ejército de bestias invocadas.
Los esclavos vieron como el mercader salía desde debajo de la carroza. Su aspecto estaba horrible, tenía un brazo roto y algunas heridas en su cabeza y cuerpo que no paraban de sangrar, pero en lo que se fijaron los esclavos eran las llaves plateadas que estaban colgándole de la cintura. En esa situación de desesperación, la gente olvidó su estatus social y obedecieron su instinto más primario: sobrevivir, corrieron hacia el mercader arrastrando con ellos los cadáveres que aun estaban atados. Al verlos el mercader intentó huir, pero apenas tenía fuerzas para mantenerse en pie. Rápidamente fue alcanzado por los esclavos quienes le empujaron al suelo e intentaron arrebatarle las llaves, otros solo se limitaron a patearlo y golpearlo para que no ofreciese resistencia, todo ello sin darse cuenta de que uno de los alados estaba mirándoles a su lado probablemente decidiendo a quién zamparse primero.
Un Rukh pasó por encima del grupo de soldados y rompió su formación con sus garras atrapando a varios en el proceso.
El mago azul que cayó al suelo tras ser arrojado, al levantarse oyó los gritos de su jefe, ordenó a los soldados que no estaban luchando contra mí o los pájaros que acudiesen en auxilio del comerciante, pero entonces un Rukh apareció de la nada y se zampó al mago azul, en frente de los soldados quienes no podían hacer más que mirar la muerte de su comandante.
Cuando el mago negro logró derrotar a los dos Rukhs usando una combinación de hechizo de relámpago e ignición, observó con asombro como los esclavos apaleaban al mercader buscando robarles las llaves de sus grilletes, buscó ayuda del mago azul pero al ver como este era siendo devorado decidió usar la magia que le quedaba para cambiar la situación. Lo primer que hizo fue alejar al Rukh que estaba mirando a los esclavos con un hechizo de electricidad, luego corrió hacia donde estaban los solados, clavó con fuerza su báculo en el suelo cantó un hechizo que hizo aparecer una barrera blanca sagrada que apartó a todos los pájaros. La barrera se extendió hasta formar una cúpula de un kilómetro, sin embargo eso no hizo más que enfadar a los Rukhs quienes arremetían contra la barrera desesperadamente intentando romperla a base de embestidas y zarpazos, lo que obligaron al mago a mantener su posición, si se movía o dejaba de conjurar la barrera se disiparía.
Logrando alejar a las bestias aladas, el mago negro estabilizó un poco la situación, pero los esclavos todavía estaban empeñados en escapar, aun teniendo las llaves entre sus manos luchaban entre ellos por la posesión de las mismas.
El capitán de los mercenarios, ahora al mando de la situación dividió sus tropas en dos grupos, el primero iría con él en auxilio del mercader, mientras que el otro grupo buscaría reducirme.
Aun habiendo sobrevivido a los constantes ataques del pájaro blindado gracias a la barrera, comprobé que no solo mantenía alejados a los Rukhs sino que tampoco me dejaba salir, lo cual era un problema ya que frente a mí el camino hacia la libertad estaba siendo bloqueado y ahora tenía que vérmelas otra vez con los mercenarios, quienes se supone que debían capturarme vivo, pero su sed de sangre indica algo totalmente diferente, esos tipos no están dispuestos a capturarme, sino a matarme.
Un fuerte latido resuena en mi pecho, el mismo que sentí días atrás en esa cueva. Me paré sujetándome el pecho con mi mano mientras jadeaba intentando recuperar el aliento, a pesar de que por alguna razón usar mi magia últimamente era más fácil el límite de su uso aun existía, pero me olvidé de ello al confiarme, volví a abusar de mi poder y ahora estoy pagando el precio. Aprieto los dientes mientras veo como los soldados se acercan a mí, me sentía atrapado. Disuelvo la magia que cubre mi espada, puede que parezca una locura dada mi situación actual, pero si continuo utilizándolo perderé la consciencia.
Coloco la espada horizontalmente sobre mi cabeza para bloquear dos ataques simultáneos, me deslizo por debajo para lacerar las piernas de los soldados, salto sobre uno de ellos ensartándole mi espada en su pecho, cuando el cuerpo cayó al suelo los soldados que estaban detrás de él se alejaron inconscientemente, momento que aproveché para lanzarme a correr. Cualquier dirección servía, solo tengo que salir de aquí.
Bajo las órdenes del capitán los mercenarios logran controlar a los esclavos, los golpean, los fuerzan a arrodillarse sobre el suelo y los alejan del lugar para poder sacar al comerciante. No se en que estado se encuentra ese hombre ni me importa, pero de lo que me doy cuenta es de que una parte de esos soldados se han unido a mis perseguidores apoyándoles desde la distancia disparándome con esas armas mágicas que muchos nobles consideraban demoníacas, pero no son tan certeras y logro esquivarlas, pero las que quedan logran alcanzarme me infligen leves heridas que eran curadas inmediatamente con mi magia lo que aceleraba el desgaste. No puedo defenderme y esquivar al mismo tiempo.
Por un  descuido una de las balas se clavó en mi pierna, caigo al suelo levantando el polvo a mi paso. Suelto un quejido de dolor que escocía en la parte posterior de mi muslo, clavo la espada en el suelo para ayudarme a levantarme mientras me curo. La recuperación es más rápida de lo habitual ya que esa herida era pequeña.
Tal vez no se han dado cuenta, pero yo no estaba corriendo por ahí sin razón alguna, tenía un plan, uno que se me ocurrió en medio de la desesperación y si funcionaba es posible que pueda salir de aquí con vida.
Clavo la espada en el suelo, me apoyo sobre ella para patear la cara del mercenario que se interpuso en mi camino, bloqueé tres ataques consecutivos desviando las lanzas y escapadas, me lancé al suelo evitando el impacto de la maza del mercenario para saltar sobre el enemigo que tenía delante. Apoyándome en su cara tomé impulso para saltar aun más alto, giré sobre mí mismo colocándome boca abajo mientras esquivaba las balas, saqué el cuchillo de cazador de la funda, lo impregné de toda la magia que pude y lo lancé con todas mis fuerzas en dirección hacia donde se encontraba el mago negro.
El cuchillo voló directamente hacia su objetivo trazando una curva mientras alcanzaba una gran velocidad. A pesar de las grandes habilidades del mago, no pudo ver venir ese ataque, el cual impactó directamente en su cuello atravesándolo con relativa facilidad gracias al recubrimiento. La sangre brotó de su cuello manchando sus oscuras prendas, soltó su vara llevando sus manos a la garganta agarrando la herida que le había cortado tanto la yugular como sus cuerdas vocales, dio dos pasos hacia atrás intentando mantenerse en pie, extendió su mano hacia la vara mientras intentaba pronunciar una palabra pero todo lo que salía de su boca era sangre. Sin poder lograr alcanzar su bastón cayó de espaldas al suelo, mientras su mirada se oscurecía lo último que vio fue la barrera desvanecerse, sus últimos esfuerzos por salvar a la gente habían terminado.
Al desaparecer la barrera los Rukh se lanzaron a devorar a los humanos sin ninguna restricción ya que no quedaba nadie que podía detenerles. Tanto los soldados como los esclavos trataron de huir pero sus esfuerzos eran inútiles frente al número de bestias.
Por alguna razón que desconocía, cuando el mago murió, los mercenarios dejaron de atacarme, en ese momento los alados se lanzaron hacia nosotros comenzando a atrapar a tantos como sus picos se lo permitían, me lancé al suelo derrapando para poder pasar por debajo de él esquivando sus picotazos con mi agilidad. Antes de darme cuenta estaba detrás los pájaros los cuales habían rodeado a los demás mientras que frente a mí se extendía el camino a la libertad. Sin pensármelo dos veces corrí sin mirar atrás, avancé todo lo posible hasta que llegué a una distancia que podía considerar segura, es en ese momento cuando miré hacia atrás y vi como los Rukh estaban disfrutando del festín de sus vidas, aun se podían oír los gritos de las personas pidiendo auxilio, cosa que no me importó en lo más mínimo, pero sentía la necesidad de volver, necesitaba recuperar el cuchillo de cazador pues era el último recuerdo que me quedaba de Samvel. Esperé.
Cuando el sol estaba invadiendo el horizonte dándole paso a la noche los Rukhs se marcharon volando a sus nidos en donde quiera que estén. Esperaba ese momento con impaciencia, terminé de esperar, me levanté y avancé con todas la velocidad que podía alcanzar. Al llegar al lugar de la masacre el olor de la sangre y la muerte me recibió de lleno obligándome a taparme la nariz con el pañuelo rojo.
Caminé entre los restos de la caravana, a parte de los dos Rukhs que yacían muertos sobre la tierra todavía quedaban algunos cadáveres de soldados y esclavos, los cuales habían sido abandonados y ahora estaban siendo devorados por bestias nocturnas, las cuales al verme una de ellas rugió tomando una pose de ataque parecida a las de los Wargos, pero al ver que seguía acercándome huyeron despavoridas, no entiendo por qué me tiene tanto miedo a simple vista para ellos soy un humano mas y encima estoy cubierto de sangre con más razón deberían estar atraídas por mí.
Recuerdo que mi cuchillo quedó clavado en el cuello del mago por lo que lo primero que hice fue buscarlo, pero no lo encontré por ninguna parte.
“(Puede que se lo comieron, aunque quizás haya caído por aquí cerca)” Con ese pensamiento rebusqué entre los escombros, la tierra removida y finalmente entre los esclavos. No encontré nada.
Me quedé parado mirando el suelo aceptando a la fuerza la realidad, había perdido el único recuerdo que me quedaba de mi amigo, la única persona de todo Mattel que estuvo de mi lado cuando todos me dieron la espalda. Pierdo a mi padre, luego a mi hermano, mi casa y lugar en el mundo ¿qué es lo que me queda?
Torcí mi boca formando una sonrisa, solté una carcajada, reí y seguí riéndome hasta caer al suelo de rodillas, tapé mi cara con mi brazo sintiendo como las lágrimas humedecían mi manga. Ya no sabía si estaba riendo o llorando, solo se oía a un idiota gritar en medio del campo.
El ruido del derrumbe de la caravana llamó mi atención, una persona malherida que logró sobrevivir a la masacre trataba de salir a duras penas de su escondite. Al verle apreté mis dientes, fruncí el ceño, corrí hacia él, lo saqué de ahí jalándole del brazo y lo estampé contra el suelo, me coloqué sobre él y empecé a golpear su cabeza mientras gritaba:
“Por qué, ¿por qué tuvo que pasarme esto? el alcalde, esa mujer, luego Morrtiz y ahora este mercader ¿por qué todos queréis verme muerto? ¿Acaso hice algo mal? ¿Qué no me he esforzado por ser una buena persona todo este tiempo? ¿Por qué me tenéis que hacer esto? No soy un criminal, dejad de tratarme como tal”
Cada puñetazo que daba me hacía perder la cabeza, mi visión cada vez se hacía más y más borrosa, pronto me hallé en un lugar oscuro y desolado. Frente a mí había un cuervo, un cuervo pequeño de color negro formando por la mágica, la cual empezó a brillar a medida que aumentaba de tamaño acercándose a mí. Sentí algo parecido a una mano posándose sobre mi mejilla, transmitiendo calidez y serenidad, una magia que reconocí enseguida y me hizo entender algo que se me había olvidado: Mamá siempre estará conmigo allá donde esté.
Al cabo de un largo rato tras desahogarme, me tranquilicé un poco y me di cuenta de que la cabeza de ese hombre en el cual volqué todo mi enfado ya no existía y lo que estaba golpeando con mi puño desde hace rato era el suelo. Me levanté del cuerpo inerte e inspiré profundamente.
Ignorando el pequeño detalle de que acabé con la vida de una persona que necesitaba ayuda, decidí olvidar toda esta tragedia y seguir adelante porque lo importante es que yo estoy vivo. Aun después de desahogarme todavía me cuesta aceptar la perdida del recuerdo de Samvel y hora no se bien que hacer. La noche está a punto de caer, rebusqué una última vez entre los escombros y los cadáveres buscando algún utensilio que pudiese ayudarme, encontré unas cantimploras las cuales estaban llenas de agua lo que era de agradecerse, algo de dinero, armas y algunos artículos más.
Con la noche ya caída, me alejé de ese lugar putrefacto lugar no sin antes poner todos los artículos en uno de los grandes baúles que un estaban enteros, vendría a recogerlos mañana.
Como todas las noches hice una hoguera al lado de un árbol. Lo bueno es que esta vez sí que tenía agua y la comida no escaseaba pues siempre lograba encontrar esos extraños frutos tirados por ahí.
Al día siguiente recogí todo lo que pude llevarme o lo que podía venderse y marché por el sendero en la dirección por donde había venido la caravana. Andar por un camino es cien veces mejor que seguir huellas y buscar una coherencia entre ellas para poder trazar una ruta que te lleve al destino que buscas, en otras palabras es un coñazo, seguir un camino ya te conduce a un destino o eso es lo que me gusta pensar porque siempre siento una incertidumbre por lo desconocido y después del incidente con el mercader debo andarme con más cuidado, a medida que avanzo me pongo a pensar en todo lo que he hecho hasta este momento y viendo mis recuerdos desde otra perspectiva pienso que tal vez si hubiese hecho eso, o esto otro quizás las cosas hubiesen terminado de otra forma.
En el transcurso del viaje el sonido del agua fluyendo me sacó de mis pensamientos. No podía creerlo, aligeré mi paso siguiendo el sonido del caudal y tras varios días de continua búsqueda por fin encontré un río, de hecho uno enorme y lo mejor de todo es que sus aguas eran tranquilan y no tan agitadas como los que había en las Montañas del ocaso, aquí casi se podían ver las sombras de los peces.
Esbocé una sonrisa de satisfacción, estaba algo feliz por haber encontrado agua. Sin más dilación reuní una gran cantidad de madera para hacer una fogata, luego me desvestí y entré al agua despacio para no caerme. Caminé hasta que el agua me llegaba por la cintura, no podía ir más lejos.
El agua estaba fría, refrescante, no me había bañado así desde hace tiempo. Conseguí limpiarme las manchas de sangre que impregnaban mi piel y mi pelo pero mis manos seguían manchadas de la sangre de esa gente, yo los dejé morir aunque no me arrepiento de ello. Al cabo de un rato, la agradable sensación de estar dentro del agua se convirtió en molestia, al salir mi cuerpo tiritaba del frío, busqué el calor de la hoguera para secarme mientras me secaba con una de las prendas que había tomado del baúl. Era lisa y sedosa, supongo que de debía costar una fortuna una pieza como esta y ahora me sirve como toalla, el mercader estará revolviéndose en su tumba.
Tras bañarme lavé mi ropa y la dejé cerca del fuego para que se secase, el calor de la hoguera era bastante agradable, seguro que la ropa se secaría en un momento. Mientras se secaba observé a los peces nadar, lamentaba no tener una caña a mano y no tenía nada para hacer una ya que la madera de estos árboles no es tan flexible como los árboles del bosque.
Ahora que ya estaba limpio y mi ropa seca marché rumbo hacia la ciudad que se encontraba siguiendo el río. Cuando llegué hasta allí ya había anochecido pero todavía había bastante luz como para divisar la muralla, una muralla de madera y no de piedra con dos atalayas a ambos lados en lugar barbacanas.
Me acerqué a la puerta levadiza y grité para que me abriesen, al oír mi llamada un centinela se asomó por encima de las almenas de la puerta.
“¿Quién eres y por qué estás gritando?” Preguntó el centinela.
“Soy un… viajero y quiero entrar a la ciudad, buscar una posada para pasar la noche” Expliqué.
“No puedes pasar” Dijo el centinela.
“¿Por qué?”
“Tengo órdenes de cerrar el portón al caer el sol, no puedo abrirlo hasta el alba. Es una lástima pero tendrás que pasar la noche a fuera, pero ten por seguro que abriremos la ciudad cuando amanezca, así que puedes volver mañana.” Dijo antes de salir de mi vista.
La respuesta del guardia no me agradó mucho que digamos, me hacía ilusión poder dormir por fin en una cama, aunque sea una de paja, era mil veces mejor que estar en el suelo.
Como no quería causar ningún alboroto cedí ante la negativa por lo que me di la vuelta y busqué un sitio para pasar la noche. No tardé mucho en encontrar un pequeño terreno entre el río y el camino donde la hierba era más verde.
Volví a hacer una hoguera, clavé la espada detrás de mí y me tumbé sobre la pieza que anteriormente usé como toalla, no estaba de humor para cenar ni tenía ganas de llenarme el estómago de más de esa fruta. Cerré los ojos esperando ansiosamente que se saliese el sol.
Abrí mis ojos cuando sentí una extraña sensación de incomodidad recorriendo mi cuerpo, me incorporé un poco esperando que se pasara pero mi cabeza seguía dando vueltas. Todavía era de noche, pero no había estrellas en el cielo, el brillo de la hoguera no alumbraba tanto como debería, arrojé un leño más esperando avivar la llama para poder espantar a los depredadores.
El sonido de algo acercándose llamó mi atención.
Desde las sombras que cubrían los límites del camino una misteriosa carroza negra circulaba en mi dirección guiada por una extraña bestia que no había visto en mi vida. Era un animal de color rojo oscuro con un pelaje negro erizado, su cara era tan siniestra como la de un demonio con ojos brillantes, cuerpo parecido al de un gato pero las patas delanteras tenían forma de alas de murciélago y las traseras semejantes a las de un dragón, su cola estaba retorcida y terminaba en un intimidante aguijón.
La bestia rugió deteniéndose junto con la carroza en frente de mí. Observé que el lugar donde debía estar el cochero estaba vacío y que en las esquinas colgaban unas lámparas que brillaban con luz morada mientras que soltaban un polvo plateado.
Era demasiado irreal, creo que estoy soñando, si debe de ser eso. Aun así no me atreví a acercarme al animal.
La puerta se abrió dejando caer unos escalones junto con un humo oscuro que descendió a modo de alfombra. Un escalofrío repugnante sacudió mi columna vertebral al pensar que quizás era la sobrina del alcalde quien me había encontrado, pero la sensación solo acrecentó cuando en su lugar fue otra persona la que salió del carruaje.
Aparentemente un hombre ataviado con una gabardina negra que le llegaba hasta las rodillas encima de un traje de color azul oscuro con un trozo de tela atado a su cuello con el símbolo de una mariposa naranja. Su cabeza estaba cubierta por la capucha de la gabardina, al igual que su cara por una extraña máscara con tubos incrustados. No se parecía en nada a la que usaban los doctores de la peste, pero la persona que tenía ante mí tampoco aparentaba tener algo que ver con la medicina.
“Buenas noches, joven” Retrocedí al oír esa extraña voz distorsionada y antinatural “No tengas miedo. Puede que en un principio a primera vista puedo resultar un poco… como decirlo… intimidante, pero no te preocupes, te aseguro de que tanto yo como mi mascota somos… inofensivos” La criatura soltó un gruñido intimidante.
Sobraba decir que estaba realmente asustado, mi espada estaba clavada entre él y yo y no tenía otra arma para defenderme. Pero si esto es un sueño entonces no puedo morir ¿verdad?
“¿Quién es usted y qué es lo que quiere de mí?” Pregunté con mi voz temblorosa.
“…” Sonrió detrás de su máscara “Mi nombre es Megisto y esta es mi compañera una amable y tierna mascota que conduce mi carro, es una Mardyakhor a la que yo la llamo cariñosamente Manticore. El caso es que hace rato nosotros vimos tu… grandiosa batalla contra los Rukhs y he aquí en mi necesidad de un valiente aventurero para que me ayude con una pequeña tarea… Por supuesto que te recompensare generosamente” Habló esforzándose en pronunciar correctamente en mi idioma.
“No lo se… yo… es todo tan repentino” Reí con nerviosismo “¿Por qué alguien como usted le pediría algo a un Sangrevil como yo”
El encapuchado se quedó un momento en silencio generando una incomoda atmosfera. El verme relejado su máscara no hacía sino aumentar mi nervosismo.
“(Di algo maldita sea)”
“Das la impresión de ser una persona que no tiene nada que perder, pero creo que no comprendes bien cuando hablo de recompensa. No te estoy ofreciendo solo una recompensa monetaria, tampoco algún artículo sin valor, lo que yo te ofrezco es un lugar al que pertenecer, el futuro que te mereces eso es lo que te estoy ofreciendo”
Abrí mis ojos de par en par. Su oferta coincidía exactamente con lo que deseaba, casi como si hubiese visto a través de mí, sonaba demasiado conveniente.
“Aun así no me has respondido ¿por qué tengo que ser yo al que ofreces ese… futuro?”
“¿No estaba escuchando? Te lo dije al principio de nuestra conversación… he visto tus habilidades, tu… no te esfuerzas por parecer un simple normal” No supe como responder a eso y guardé silencio “Hablé de más” Susurró el enmascarado.
“Lo siento” Dije “Pero no se si debo fiarme de ti”
“Entiendo…” Tras decir eso volvió a su carroza, pero no entró dentro sino que se acercó a la parte trasera donde había un compartimento camuflado desde el cual sacó un pequeño artilugio “Como muestra de confianza me gustaría entregarte esto”
El objeto que llevaba entre sus manos parecía ser una pulsera, no entiendo muy bien por qué me entrega eso si es un accesorio para mujeres.
“Ehm… esto… aunque no lo parezca soy un hombre y me resulta difícil aceptar algo que suelen usar las mujeres” Respondí.
“Es bueno saber eso, pero esto no es una simple pulsera. Esto es un extraordinario artefacto que simboliza el lazo entre nosotros entre tu y yo, pero solo te lo entregaré si me ayudas… considéralo como una señal y parte de lo la recompensa… ¿qué me dices?”
“(Ah, sigue insistiendo en que le ayude, bueno esto es un sueño, creo, ¿qué podía salir mal de aceptar su petición? Aunque no soy un aventurero tener una recompensa suena bien y además no tengo nada mejor que hacer) Está bien aceptaré tu misión o como lo llames”
El enmascarado pareció estar complacido al escuchar la respuesta que quería oír, pues no tardó en acercarse a mí y entregarme la pulsera. Al colocármela en el brazo izquierdo puede apreciar mejor su forma: ocupaba la mitad del antebrazo, las abrazaderas plateadas se cerraron al momento de colocármelo. Había un plano cristal de forma hexagonal que se extendía de punta a punta, sobre ese cristal veía líneas paralelas que se ramificaban brillando con todos los colores del arco iris. Al pasar mi mano por encima unos cuadrados de luz blanca aparecieron flotando alrededor de la pulsera. Tenía razón, esto no era una pulsera normal.
“Esto es un nuevo producto desarrollado por el departamento RTD de Iglesia de Asgarland que combina magia y tecnología, lo llamamos Coil, al ponértelo te identificó como su portador así que ya puedes acceder a sus múltiples funciones”
Los cuadrados mostraban letras de un idioma que me resultaba algo conocido pero a la vez muy diferente, poco entendía lo que estaba escrito.
“¿Por cierto qué es lo que se supone que debo traerte?” Pregunté sin entender nada de lo que estaba divagando.
“Casi se me olvida, me he ido por las ramas y acabé hablando de más. Verás necesito que encuentres la gruta de Ouwasch y me traigas el tesoro que crece en su interior: la flor de las estrellas”
Dejé de mirar los cuadrados y clavé mis ojos en su máscara. Inmediatamente recordé como Morritz me hizo atravesar medio bosque solo por una maldita flor, que me encarguen hacer una misión similar no me hace feliz.
“¿Una flor?”
“Eso es, una simple flor… no será algo imposible para ti ¿verdad?” Decidí no contestar, solo asentir “Antes de nada… ¿puedes leer el idioma del norte?”
“Es parecido al del reino Walaske pero hay palabras que no entiendo” Dije mientras señalaba algunas de ellas.
“De acuerdo, te enseñaré como funciona este aparato. No te asustes ya verás es muy intuitivo, hasta un niño de cinco años es capaz de manejarlo”
El encapuchado se tomó su tiempo explicándome qué eran esos cuadrados y como interactuar con ellos, lo que me dejó impresionado jamás había visto una magia similar. Básicamente los cuadrados de luz eran pantallas y tocándolos dabas indicaciones al cristal para abrir lo que él llamaba: Programas <AMP>. Todos y cada uno esos programas respondían a una función concreta para uso real y por lo que veo muchas de ellas pero el enmascarado no se detuvo a explicarme para qué servían, excepto una en la cual puso mucha énfasis.
“Mirándolo de esta forma sí que es algo intuitivo” Dije mientras hacía girar las pantallas.
“Con esto finaliza nuestra lección, ahora si quieres ganártelo de verdad tendrás que completar la misión que se te ha impuesto. Eso es todo, pero por si acaso si no eres capaz de hacer algo tan simple como recoger flores, entonces… bueno dejemos eso para más tarde, aunque no lo parezca tengo algo de prisa” Dijo caminando de regreso a su carro aligeradamente.
“¡Espera!” Le llamé “Si la completo ¿Cómo puedo avisarte?”
“Cuando lo completes lo sabré, eso no es asunto tuyo. Posees un tiempo indefinido, aprovéchalo bien y otra cosa que casi se me olvida decirte” Señaló a la espada clavada en el suelo “No se si lo habrás notado, pero eso no es un arma, es un ser vivo” Reveló antes de subir.
Manticore rugió como si estuviese anunciando la inminente partida y jaló del carro avanzando hacia la oscuridad, pronto no hubo señalo del carro, se fue igual que vino.
No entendí lo que quiso decir con eso último, pero como todavía era de noche apagué el Coil y volví junto a la hoguera, si esto es un sueño no tengo de qué preocuparme. Con esto en mente no tardé en quedarme dormido.
A la mañana siguiente, como todos los días los fuertes rayos del sol golpeaban mis parpados, tapé el sol con mi brazo haciendo que mis ojos se encontrasen con cierto objeto amarrado a mi brazo.
“¡No puede ser!” Me incorporé de golpe con mis ojos clavados en la pulsera. El sudor recorría mis mejillas, se me secaba la garganta y un escalofrío recorría mi columna “Era un sueño… ¿era un sueño verdad, verdad que sí?...”
Me llevó un rato darme cuenta de que pasó ayer por la noche no fue fruto de mi imaginación desbocada, aun así todavía no me podía creer que tal persona podía existir, desde luego que el mundo es grande.
Me acerqué hasta la espada que seguía clavada en el suelo, extendí mi mano hacia ella queriendo agarrarla como lo hice todo este tiempo. No llegué a tocar la tan siquiera la empuñadura, las palabras de ese hombre me carcomían la cabeza ¿de verdad esto no es una simple espada? Desde siempre quise una espada para parecerme más a mi padre, para poder ser tan fuerte como él… Sacudí mi cabeza y tomé el arma de una vez por todas, me daba igual que era un ser viviente seguía siendo mi espada pero si es verdad que es un monstruo entonces eso responde a ciertas cuestiones…
El caso es que ahora me he comprometido a ir a no sé qué gruta para recoger no sé qué flor, como no quería meterme en más líos debía recoger esa flor y luego buscarme la vida, todo sencillo.
Recogí mis cosas y marché hacia la ciudad amurallada donde pude apreciar varias cosas que se me pasaron la noche anterior por culpa de la oscuridad. Lo primero que vi fue que la ciudad está ubicada alrededor de un meandro, con su muralla rodeando la ciudad hasta la orilla del río.
Llegué hasta la puerta donde fui recibido por el guardia con el que me encontré anoche ahora custodiando la puerta junto con su compañero.
“¡Tú! ¡Detente!!” Gritó el guardia.
“(¿Y ahora qué? No he hecho nada, no me ha dado tiempo) ¿A qué viene esto?”
“Espera ahí”
El centinela se acercó a mi y me miró de arriba abajo, luego volvió la mirada a su compañero que estaba en guardia con su mano sujetando la empuñadura de su espada.
“No parece que sea uno de los bandidos”
“Eso pienso yo…” Contestó su compañero soltando su espada.
“Perdona chico Puedes pasar” Dijo regresando a su posición.
“Espera ¿por qué me has inspeccionado?” Pregunté.
“Tras el incidente con los Rukhs nuestro pueblo fue saqueado por unos bandidos” Contó el otro guardia “Vinieron aprovechando el caos para robar en la casa del jefe, también liberaron al cabecilla, Riggus”
“(¿Riggus? ¿Una cabeza? ¿De qué está hablando?) Ya veo, parece algo problemático. Por cierto nos vimos anoche no me dejaste pasar”
El guardia me miró poco convencido al oírme, pero en seguida cayó en la cuenta.
“¡Ah, es cierto! No lo recordaba, estaba medio dormido” Soltó.
“¿Estabas dormido en una guardia? Se lo haré saber al capitán” Dijo el otro centinela con un tono enfadado para luego abandonar la posición e ir dentro de lo que parecía ser la casa de guardia.
El guardia dejó salir un pesado suspiro.
“Otra vez me van a recortar el suelo”
“¿Así que hasta un asentamiento tan fortificado puede ser asaltado?” Pregunté interesándome en el tema.
“Si, cuando oímos los graznidos de los Rukhs muchos se acercaron a las murallas para ver que pasaba, mandamos una expedición para inspeccionar el lugar, cuando se fueron los bandidos salieron de sus escondites para asaltarnos. Llegaron por el este en un reducido grupo por lo que pudimos reducirlos con facilidad… pero resultó ser un señuelo y otro grupo entró por el oeste, aprovechando un flanco débil cerca de la prisión y sin la mayoría de los solados de la guarnición, los bandidos camparon a sus anchas. Logramos expulsarlos con lo que quedaba de la guardia… quedé muy cansado, encima me asignaron la guardia nocturna y creo que fue cuando tu viniste” Contó de manera casi sobreactuada.
“Entiendo (No necesitaba que me contaras toda tu vida) Aunque no tenías por qué tratarme con tanta brusquedad” Fingí estar ofendido.
“Cierto, no tenías nada que ver con esto y estaba demasiado cansado… Aun que ya pasó todo… Bueno, considérate bienvenido a Sandur pasa y disfruta de la hospitalidad de nuestro pueblo.”
“(¿Hospitalidad? Si me has cacheado nada más entrar) De acuerdo” Al momento de entrar por la puerta me detuve para volver a preguntar algo más “¿Qué ocurrió con la expedición? ¿Encontraron algo?”
El guardia se tomó un momento para decidir si quería hablar o no.
“…Si, verás… resulta que un comerciante de esclavos llamado Zaid que frecuentaba mucho este pueblo fue emboscado por los Rukhs, algo detuvo el avance de la caravana y fueron emboscados… eso es lo que descubrieron en la expedición”
“De acuerdo, gracias por contármelo” Asentí y entré al pueblo, pero entonces el centinela volvió a llamarme.
“Disculpa chico, tu acento no me suena mucho ¿de donde eres?”
“Vengo de una ciudad tras las montañas del ocaso. He recorrido un largo camino y ahora estoy buscando una posada ¿conoces alguna?”
El centinela señaló la calle con su mano.
“Hay una cruzando la calle, se llama la posada del Lémur. La dirige el tío del hermano de mi mujer, es un hombre de aspecto rudo lo reconocerás cuando lo veas”
“Muchas gracias”
Marché en busca de esa posada adentrándome en el pueblo. Lo primero que me llamó la atención fueron las casas que en mi opinión eran bastante toscas y a diferencia de Mattel no estaban hechas de piedra y ladrillos rojos, sino de madera y arcilla lo que les daba un aspecto rústico. Están ubicadas unas tras otras sin seguir un patrón definido por lo que las calles eran algo laberínticas y estrechas, ahora caminando entre ellas puedo entender por qué a los bandidos les costó tanto salir. Lo siguiente que me llamó la atención fueron las personas, nunca creí que una calle podía albergar a tanta gente, pero dado que vine de una ciudad casi abandonada supongo que es normal, pero a pesar de la cantidad el ambiente que circulaba era sombrío. Esa gente perdió sus pertenencia, sus posesiones y quizás la vida de sus seres queridos.
Miré al suelo tratando de evitar el contacto visual y descubrí que la calzada está compuesta de piedras encajadas por lo que el suelo tenía pequeños altibajos y era algo difícil caminar sin estar tropezándome cada dos por tres.
A los lados de los edificios estaban las pequeñas tiendas ubicadas unas al lado de otras, que vendían fruta, carne, ropa, accesorios y pescado. No había mucha cantidad me mercancía y la que quedaba casi se podía contar con los dedos, lo que provocaba un terrible sentimiento de tristeza frustración y enfado en los comerciantes locales. Sobre las paredes de las casas había muchos carteles con letras impresas que anunciaban algo que no me paré a leer.
Crucé la calle y encontré rápidamente la posada del Lémur gracias al cartel que colgaba en lo alto de la pared. La puerta de madera con parches de hierro negro estaba abierta y su lugar lo ocupaba una cortina compuesta de múltiples hilos con infinidad de pequeñas piedras de colores.
Al entrar de inmediato vi la mesa de recepción con un hombre corpulento sentado detrás de ella. Estaba recostado sobre la mesa leyendo un libro mientras se apoyaba sobre su brazo, al verme lo cerró inmediatamente y se levantó.
“Buenas tardes señor ¿en qué puedo ayudarle?” Su voz era grave y algo áspera, imponía la igual que su estatura.
“Hola… ehm… deseo saber cuanto cuesta una noche” No entendía por qué me costaba tanto hablar quizás es porque es la primera persona en tratarme con respeto.
“Una noche son tres Drakhmas de plata y cinco de bronce”
“Un segundo” Dije mientras abría el saco de las monedas “(Oh vaya, aquí solo hay de oro) uhm señor… ¿le puedo pagar con una de oro?”
El posadero arqueó la ceja mientras arrugaba la nariz, luego respondió.
“De acuerdo, una de oro” Dijo recibiendo la moneda para luego entregarme el equivalente a su cambio junto con una llave de cobre amarrada a un taco de madera con una piedra incrustada “Tu habitación es la 15, segunda planta”
“Señor ¿no me pregunta por mi nombre para registrarme?” Pregunté algo confuso.
“En esta posada solemos tener clientes que buscan discreción, si me entiendes. No te preguntaré por tu nombre por lo que si alguien te busca, aquí no has estado ¿entiendes?” Asentí con la cabeza “Si tienes hambre pásate por el comedor, se encuentra al fondo del pasillo. El precio del alojamiento no cubre la comida.” Dijo señalándolo con el pulgar “Disfruta de la estancia pero no molestes a los demás huéspedes ¿has entendido?” Volví a asentir “Bien, fuera de mi vista”
Recogí las monedas y caminé rápidamente hacia el comedor. Al entrar pude apreciar que el mismo era bastante amplio además de que estaba bastante iluminado, no se podía comparar con la maloliente taberna de Mattel, eso sí el olor a cerveza inundaba el local pero eso daba igual. Encontré una mesa libre en una esquina en el fondo y por suerte estaba limpia.
Cuando entré al comedor volví a sentir el cargado ambiente que circulaba por las calles aunque en menor medida, mezclado con el aroma de la cerveza dando a entender que muchos de los clientes estaban ahogando sus penas a base de cerveza. Las mesas de madera estaban aLimeadas de tal forma que permitían que las camareras y los demás clientes no se estorbasen los unos a los otros. Encontré una mesa vacía al fondo de la sala, al sentarme en ella vi que tenía una visión panorámica del escenario que se encontraba al otro lado de la habitación donde dos mujeres tocaban unos extraños instrumentos de cuerdas, los cuales emitían un sonido agradable y exótico para mis oídos. La música no era alegre pero tampoco melancólica, suavizaba la atmosfera del lugar.
Entonces una mujer se acercó a mí cargando una bandeja vacía con sus manos junto con una pequeña libreta y un lápiz.
“Bienvenido a la taberna ¿qué desea ordenar?” Preguntó.
“¿Y tu quién eres?” Pregunté desconfiado.
“Soy la camarera ¿alguna pregunta más?” Aunque la respuesta sonaba impertinente el todo con el que me hablaba no era ofensivo.
“Si… dime qué clase de comida servís aquí” Pregunté con algo de timidez.
La camarera hizo memoria y empezó a nombrar nombre de platos:
“Tenemos Briouat, Nhima, Fufu, Cholet, Kachumbari, Jollofr con verduras y la especialidad de la casa: Bobotie”
Me qué mirándola con los ojos abiertos sin saber exactamente si me estaba hablando de comida o insultándome a la cara.
“… Pues… viéndome a elegir diría que ¿Bobotie?”
La mujer tachó en su libreta el plato y luego volvió a preguntarme.
“¿Algo más?”
“Pan y un zumo, el que sea pero que no sea demasiado amargo”
“Marchando” Dijo corriendo hacia la cocina.
Solté un pequeño suspiro. No tenía ni idea que la cultura cambiaba tanto de lun lugar a otro, tampoco sabía como sentirme en este momento lo único que esperaba era que la comida que encargué estuviese buena porque hace ya tiempo que no como nada decente.
Mientras estaba aguardando la llegada del plato decidí explorar los secretos de esta pulsera llamada Coil. Mirándola por encima parece una bonita pulsera normal, pero al deslizar mi mano sobre ella aparecen paneles flotantes con letras y dibujos, cuanto más lo miraba menos real me parecía y si sumamos la extraña situación en que me fue entregada entonces solo puedo pensar que este mundo está lleno de misterios intrigantes. Aun sigo sin poder entender bien el idioma que aparecer en las pantallas.
Pulsé sobre el <App> que tenía forma de sobre, me apareció otra pantalla sobreponiéndose a la anterior con un mensaje fácil de leer.
“Misión – V/777: Recolectar la flor de las estrellas de la gruta Ouwasch” Incluso venía una imagen de la flor, la cual era el cuadro más realista que he visto en mi vida, comparado con esto, los cuadros que estaban colgados en el ayuntamiento de Mattel parecían haber sido pintados por retrasados mentales.
No tenía ni idea de donde estaba la gruta Ouwasch pero encontré un <App> que mostraba un mapa, al tocar donde aparecía Misión – 777 hice que de alguna manera una línea de puntos apareciese cruzando el mapa conectando dos puntos. A pesar de toda esa ayuda, la gruta parecía estar demasiado lejos y me daba pereza ir hasta allí solo para recoger una flor que prácticamente podía conseguir en cualquier florería o herboristería… por un momento me quedé asombrado de mi propia genialidad, no tenía que ir hasta tan lejos, el objetivo de la misión – 777 es conseguir la flor.
La llegada de la camarera con la comida me sacó de mi trance. Ante mis ojos, dentro del cuenco de madera estaba lo que parecía ser una tarta de carne con cebolla, limón y otros ingredientes que no pude identificar. El olor que emanaba era embriagante lo que me motivó a probarlo.
“(Sabe bien)” Pensé agradecido de estar comiendo algo bueno.
Tras llenarme el estómago me acerqué a la barra donde pagué la comida con el cambio que me dio el posadero.
Todavía faltaba tiempo para que anocheciese por lo que decidí dar una vuelta por este pueblo.
Como este pueblo tiene calles laberínticas, tengo que tener cuidado de no perderme. Como principal referencia tengo esta posada, que es uno de los pocos edificios que tienen tres plantas además de que las calles están numeradas por números y colores un detalle poco apreciable pero del que te das cuenta de ello cuando te das cuenta de que estás perdido y buscas desesperadamente la manera de regresar.
A mi lado pasaron dos soldados cuya armadura era igual a la de los mercenarios con los que luché en la llanura salvo que en lugar de casco llevan turbantes negros que solo dejaban ver los ojos, me acerqué a ellos pidiéndoles amablemente que me indicaran donde podía encontrar una herboristería o una florería. Los soldados me contaron de que no tenían ese tipo de tiendas, pero señalaron el camino hacia una botica y me escoltaron hasta ahí porque les pillaba de paso. Si hubiese ido yo mismo seguramente me hubiese perdido al cruzar la primera calle.
Frente a mí estaba la botica, un edifico pequeño de paredes decoradas con mosaicos de colores que formaban el mensaje: Apotheka de la nueva esperanza.
Llamé a la puerta y esta se derrumbó dejándome paralizado en el sitio.
“(Venga ya, ni siquiera usé tanta fuerza)”
Pude apreciar que en interior de la tienda había tres personas dos de ellas, un hombre y una mujer ataviados con una túnica negra que estaban haciendo limpieza y en el fondo había una mujer rechoncha vestida con una túnica blanca, sujetando un pergamino donde estaba escribiendo algo mientras miraba una de las innumerables estanterías que llenaban todas las paredes, sobre las cuales había una infinidad de frascos y botellas tanto de barro como de porcelana, algunas enteras y otras rotas. No había que ser un genio para darse cuenta de que esta tienda también fue asaltada.
Cuando se derrumbó la puerta los tres posaron en mí su mirada. Sentí la imperiosa necesidad de salir corriendo, pero no era mi culpa que la puerta se rompiese.
La mujer rechoncha se acercó a mí. A pesar de que destrocé su puerta no pareció estar molesta por el asunto, es más me invitó a entrar amablemente. Una vez dentro me disculpé por el destrozo y pregunté acerca de la flor, desgraciadamente ella me contó que no tenían ese tipo de flores ya que al parecer solo trabajaban con otro tipo de hierbas. Pregunté acerca de si había otro lugar donde podía conseguirla y la respuesta fue la misma que me dieron los guardias que me guiaron hasta este lugar.
Salí de la tienda con gran decepción. El único lugar de este pueblo donde trabajan con hierbas y justamente estaba escaso de esa planta. Maldije a los bandidos y a todos los demás, no hacían más que complicarme la vida. Ahora tenía que ir hasta esa gruta.
Mientras vagaba por este laberinto llamado pueblo, me topé con una pequeña plaza cuyos bordes fueron sembrados flores y árboles frutales, pero lo que más me llamó la atención fue el centro, donde había una fuente hexagonal recubierta por mosaicos turquesas, de la cual salía agua a borbotones y caía al suelo filtrándose por unas rejillas. Me quedé un buen rato mirándola, pues jamás en mi vida había visto algo así, conocía de pozos y demás, pero esto es… indescriptible. Unas mujeres ataviadas con túnicas de colores alegres se acercaban cargando ánforas de barro las cuales rellenaban con agua, al verlas decidí hacer lo mismo y para mi sorpresa era agua potable. Sin dudarlo decidí llenar las cantimploras que traía conmigo. Esto hacía que perderse casi hubiese merecido la pena.
En ese momento oí unas voces a unas pocas calles, sonaba como una muchedumbre enfurecida. Impulsado por mi curiosidad seguí discretamente a los ciudadanos que iban en mi misma dirección por las calles amarillas. Llegué hasta lo que parecía ser un templo de paredes azules, verdes y rojas, llenas de detalles y dibujos geométricos. Sobre el templo se alzaba una enorme cúpula plateada. El templo estaba rodeado por cuatro filas de columnas que marcaban la distancia entre el territorio del pueblo y la del templo.
En frente del templo había una fuente hexagonal, en cada punto había una estatua de bestias en forma de gatos con garras de dragón y púas en la espalda, desde sus bocas fluía el agua que rellenaba la fuente. En el dentro de la misma había una estatua de una mujer con tres vasijas de las cuales salía agua que caía sobre las estatuas de personas arrodilladas.
La muchedumbre se reunió en la otra parte del patio, alrededor de tres postes de madera donde había tres personas abrazadas a los mismos con una cuerda atada a sus manos. Estaban arrodillados, con la espalda al descubierto exponiendo su piel canela al sol.
Me ubiqué entre ellos intentando llegar a la primera fila para ver qué pasaba. Pronto llegó un hombre desde el interior del templo, estaba ataviado con una túnica morada con telas blancas envueltas sobre su torso y un turbante rojo y blanco sobre su cabeza, se colocó en el centro de la plaza llamando la a tención de la muchedumbre. Junto a él había una fila de soldados que marcaban un perímetro.
“Hemos aquí en este desafortunado día, donde los herejes que libres de infectar nuestro pulcro culto han corrompido las sagradas enseñanzas del gran libro de los astros pronunciando mal la oración del pre-anochecer, han rezado mal atrayendo la desgracia que asoló al pueblo. Dios de los astros, nuestro único y verdadero señor no tolera esa falta de respeto y deben ser castigados”
La muchedumbre de fanáticos lanzó un grito alzando el puño apoyando las palabras del sacerdote.
“El castigo de estos herejes es la muerte, pero para que no corrompan las almas de nuestros familiares y hermanos que descansan entre nosotros bajo las paredes de nuestro templo, deben de ser purgados de todo mal antes de abrazar al espíritu del más allá ¡Cien latigazos!”
A su orden, el verdugo sacó un látigo de múltiples hebras de cuero negro y flexible incrustadas con piedras preciosas, que brillaban a la luz del sol mostrando su filo.
Con el público vitoreando empezaron a contar los latigazos mientras que las tres personas gritaban y suplicaban ayuda con cada golpe recibido. A cada chasquido de látigo, la piel de los herejes se abría, estaban siendo despellejados vivos, los trozo de carne saltaban por los aires, sangre fluyó sobre el suelo trazando el camino entre el verdugo y las víctimas cada vez que recogía el látigo para volver a usarlo. Viendo la escena me vi a mí mismo sufrir casi lo mismo en Mattel y me pregunté si esos hombres de verdad eran culpables de algo.
Pronto los latigazos cesaron cuando el verdugo dejó de contar. Los herejes hace rato que ya no gritaban, no estaban muertos ni se habían desmayado, solo se cansaron de gritar y aceptaron su destino. Tres soldados se acercaron al tercer poste, uno cortó la cuerda, mientras los otros dos llevaron a rastras al hereje por los brazos hasta un tronco de madera con una hendidura curva donde colocaron su cabeza.
El sumo sacerdote desenvainó un shamsir plateado desde su funda azul y dorada, roció agua sobre su filo por ambas partes, hizo ese movimiento varias veces. Una vez purificada la hoja, él mismo la blandió cortándole la cabeza al hereje, la cual cayó al suelo rodando por el suelo hasta una cesta donde dos cerdos negros se encargaron de devorarla. El público gritó de alegría cuando el cuerpo cayó al suelo chorreando sangre como una fuente.
Tragué saliva y me sujeté el cuello mientras me preguntaba sin así hubiese acabado mi vida si Slania no me hubiese rescatado. Abandoné la muchedumbre cuando los soldados desataban al siguiente. Volví por el mismo camino sin mirar atrás.
Tras esta pausa llegué de nuevo a la posada donde me esperaba una habitación digna de un plebeyo, con una cama maloliente y un jarrón para las necesidades nocturnas. Pero desde mi punto de vista después de pasarme días durmiendo en el suelo esto se puede considerar como un lujo.
Cuando me desperté en aquella habitación me di cuenta de que ya era mediodía, había dormido tan plácidamente que se me pasó toda la mañana y aun así me costaba levantarme. Después de asearme recogí mis cosas para luego salir de la habitación. Mi estomago gruñía anunciándome que no me dejaría ir a ninguna parte si antes no comía algo y como mi viaje parecía ser bastante largo a juzgar por el mapa debía repostarme bien y de paso llevarme víveres para el camino.
Fui directo al comedor donde me encontré con la misma camarera, la cual acudió a tomar mi orden una vez me haya sentado. No se exactamente que plato era el que encargué esta vez, pero tenía un huevo frito sobre cebolla y carne, además del plato principal pedí algo dulce y comida para llevar.
Tras pagar guardé los víveres y partí en la dirección que mostraba la brújula del Coil, he de reconocer que esto es muy práctico una vez que entiendes como usarlo. Llegué hasta una barbacana de madera, donde me disponía a cruzar pero en frente de la puerta había un enorme carro tapando la entrada.
Un anciano fornido con barba gris estaba cargando grandes cajas en un carro con la ayuda de un soldado que abandonó su posición para echarle una mano. Cuando me vio se limpió el sudor de la frente con su brazo lanzándome una pregunta:
“Eh tu chico ¿podrías ayudarnos?”
En primera instancia decidí ignorar su petición pero cambié de opinión cuando siguió hablando “Te recompensaré” Sin dudarlo acudí en su ayuda como debe hacer todo buen chico de mi edad. En poco tiempo conseguimos encajar toda la mercancía “Si que eres fuerte, chico. Sin tu ayuda estaríamos hasta la noche” Dijo entregándome una moneda de cobre.
“(Esperaba algo más)” Pensé mientras miraba con decepción la moneda que descansaba en la palma de mi mano.
“Por cierto ¿Cómo te llamas?” Preguntó repentinamente sacándome de mis pensamientos.
“Yahvis”
“Yahvis, un nombre curioso ¿no tienes apellido?” Negué con la cabeza ya que a los plebeyos no se nos concede ese honor “Encantado, soy Haaziq Ibn Rukyan, o como algunos me llaman: El Garin de Sandur” Dijo estrechándome la mano.
“(Quien sea el que te llame de esa manera de seguro que no es tu amigo)” Pensé mientras estiraba mi mano aceptando su saludo.
“Supongo que habrás oído hablar de mí ¿verdad?” A lo que le respondí negándome con la cabeza “Bueno, no pasa nada. Dime Yahvis ¿te diriges al oeste, verdad?”
“Busco una gruta llamada… Ouwasch ¿sabes donde se encontrarla?”
“¿Ouwasch?... Si, la conozco” Dijo algo dubitativo “Es una zona algo peligrosa ¿por qué quieres ir allí?”
“(Porque una noche un enmascarado surgió de la oscuridad con su quimera y me mandó a buscar flores… es obvio que no puedo decir eso, suena demasiado estúpido) Por asuntos propios” Contesté con el ceño fruncido.
“Tranquilo chico, no quería ofenderte, solo preguntaba. Un comerciante debe conocer bien a sus clientes”
“(¿Acaso me ves cara de querer ser un cliente tuyo?)”
“La gruta se encuentra al noroeste, si quieres te puedo llevar hasta un lugar cercano que está en esa misma dirección. A cambio solo protegerás mi caravana de bandidos y animales ¿qué me dices? Es un buen trato ¿no?”
“Si… pero ¿por qué yo? ¿No puedes contratar a mercenarios o soldados para que te escolten? Pregunté.
“Buena pregunta… verás los bandidos asaltaron mi casa y la limpiaron a fondo por lo que ando escaso de plata. Si los bandidos me asaltan y pierdo el cargamento ya nadie me llamará: el Garin de Sandur” Confesó el mercader desolado.
“(¡Y qué me importa como te llamen!) No has contestado a mi pregunta”
“Porque pareces ser un buen chico, dispuesto a cumplir tu deber de… Está bien te recompensaré como es debido”
“Vigilaré el cargamento si me llevas hasta la gruta. Supongo que será más rápido que ir caminado”
“¿Eh? No me digas que pensabas ir a pie hasta ese sitio. He de reconocer que eres un valiente aventurero” Dijo el Garin de Sandur sorprendido.
El anciano fornido se sentó en el asiento del cochero, mientras que yo me montaba en la parte trasera del carro sobre las cajas de mercancía donde podía tener una visión más amplia para evitar que los bandidos nos emboscasen.
“En marcha” Exclamó Haaziq tirando de las riendas, obligando a las dos bestias cuadrúpedas a iniciar la marcha.
Partimos de inmediato tras despedirnos del guardia que amablemente accedió a ofrecernos su ayuda desatendiendo sus labores de custodiar la entrada, guardias como ese ya no quedaban.
No tardamos en coger velocidad. El carro vibraba cada vez que las ruedas encontraban algún obstáculo lo que hacía el viaje bastante incómodo pero al anciano no parecía afectarle. A este ritmo llegaríamos enseguida a donde sea que vamos. Observé que las bestias llevaban una cota de malla cubriendo su cuerpo junto con unas placas de metal rodeando sus patas y cabeza, aun así se esforzaban en correr a esa velocidad aguantando el peso.
“Dime Yahvis ¿de donde eres?” Preguntó repentinamente.
“Desde un lugar lejano, más allá de esas montañas enormes”
“¿Y qué te ha traído desde tan lejos?” Continuó preguntando.
“Ocurrieron muchas cosas y cuando me di cuenta estaba vagando por la llanura” Contesté sin dar detalles “¿Por cierto a donde nos dirigimos? ¿Y qué es lo que llevamos?”
“Nos dirigimos a la fortaleza de Urmia, llevo un regalo a los Pashas que están la están visitando en este momento. Quiero llegar enseguida para ver que cara ponen cuando vean lo que les traigo” Dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
“¿Quiénes son los Pashas?” Pregunté curioso.
El anciano se tomó un rato en darme una respuesta.
“Un Pasha es por así decirlo… como un político, miembro del Diván que sirve al monarca de turno”
“(Espera aquí hay algo que no cuadra) ¿Dices que les estás llevando un regalo? Pero si dijiste que te robaron ¿no sería mejor vender tu mercancía a esos Pashas en lugar de regalársela? Así tu familia y tu no tendríais que pasar hambre”
“Tienes buena cabeza chico, pero no deberías malgastarla preocuparte por un anciano como yo” Dijo soltando una carcajada “No tengo familia. Nunca me ha dado la necesidad de crear una porque no soy un hombre al que le agrade la compañía de las mujeres, si sabes a lo que me refiero”
“Pues no, no se a qué te refieres”
El anciano soltó otra carcajada mientras agitaba las riendas. No entendía por qué tanta prisa, pero parece ser que ese regalo debe de ser muy importante para él.
“Dime Yahvis ¿qué opinas de las mujeres?” Preguntó de pronto.
“Pues no sé que decir. De donde yo vengo había pocas niñas de mi edad, las cuales huían cuando me acercaba, salían poco a la calle pues preferían reunirse en sus casas para cuchichear y reírse entre ellas. Nunca las he visto caminar solas por la calle o ayudar en la caza o yo que se, evitaban esos tipos de trabajos y cuando las veía no podía evitar pensar que eran unas cobardes inútiles que preferían escapar y llorar a luchar. Siempre me preguntaba ¿por qué no eran como mi madre? ella no temía a hacerle frente a quien sea ya fuese hombre o bestia y nadie se atrevía a meterse con ella porque era capaz de convertirlos en gusanos con su magia”
“Vaya, tuviste una buena madre. La mía murió al darme a luz pero nunca la eché en falta porque tenía a mi padre y a mis hermanos y a mis tíos y a mis abuelos, éramos una gran familia feliz” Esto último me pareció que lo decía con sarcasmo “Sabes, yo era el hermano pequeño por lo que tenía que esforzarme mucho para ayudar a los demás en el negocio del clan. Eventualmente llegó a gustarme ese trabajo, tienes sus cosas pero te acostumbras.”
“¿Tan divertido es ser mercader?” Pregunté denotando mi ignorancia.
“¿Eh? Ah, si claro. Mercader, si”
Tras un incómodo silencio continué hablando.
“Aun no entiendo por qué quieres regalar tu mercancía a esos Pashas”
“Porque la fortaleza de Urmia se ha quedado vacía después del incidente de los Rukhs, la mayoría de los soldados partieron hacia Sandur por alguna razón. Me he enterado de que dejaron a esos nobles del Diván encerrados en la fortaleza, no se los llevaron con ellos y es una oportunidad perfecta para visitarles”
“¿Tan importante fue que esos pajarracos se comiesen a un par de personas?”
“Se nota que no eres de por aquí. Verás un Rukh es considerado una bestia sagrada, su colosal tamaño y sus plumas acorazadas le convierten en un ser temible, solo uno es muy difícil de repeler incluso con cincuenta soldados disparándoles al mismo tiempo, por lo que cuando muchos se reúnen en un solo punto, entonces conviene tomar una serie de precauciones”
“¿Precauciones?”
“Nunca los verás volar juntos, salvo cuando están migrando. Y encima esos pájaros se comieron a Zaid con toda su caravana de esclavos a mitad de camino”
“¿Zaid?”
“Un gordo que viste siempre ropa de color morado y lleva consigo a todas partes dos o cuatro magos con él”
Inmediatamente me vino a la mente la imagen del mercader.
“¿Y qué tiene ese hombre de importante?”
“Pues que ese hombre era el pez gordo que dominaba estas tierras ya que mantenía activa la ruta de comercio entre las ciudades de Hrazdan y Yeghegnadzor, también monopolizaba el tráfico de esclavos, por lo que si querías mercancía y mano de obra tenías que acudir a él. Tenía a todos los reyes, nobles y ricachones comiendo de la palma de su mano. Pero ahora está muerto y aunque es reconfortante para unos, en realidad es un duro golpe para la economía de los pueblos, por eso hasta que aparezca otro mercader que sea capaz de viajar entre las llanuras los pueblos pasarán hambre”
“Ya entiendo, con ese regalo intentas ocupar el lugar de ese hombre” Deduje pero Haaziq solo soltó una carcajada como respuesta.
A medida que avanzábamos el entorno empezaba a cambiar poco a poco. La maleza y el follaje aumentaban de tamaño creando un paisaje frondoso, aunque no tanto como un bosque.
“¡Mira! Estamos a punto de entrar en el Gran Oasis” Jaló de las riendas ralentizando un poco la marcha cuando se percató de un pequeño destello intermitente entre las colinas, sacó un espejo de su bolsillo y reflejó el sol en esa dirección. Claramente estaba mandando señales a alguien. Luego de emitir la señal volvió a acelerar.
No le di importancia a ese pequeño y disfruté del paisaje con tranquilidad.
El olor de la vegetación impregnaba el aire, la luz que se filtraba entre las hojas le daba un toque mágico al paisaje acompañadas del graznido de las aves en sus nidos, de la salpicadura de las gotas de agua del río, de las hojas meciéndose al ritmo del viento y por supuesto del silbido de las flechas que volaban en dirección a la cabeza del anciano.
Cuando me di cuenta de esto último inmediatamente agarré mi espada, salté sobre las cajas y corté por la mitad las flechas mientas volaban ante la atónita mirada del anciano.
“¡Nos están atacando!” Grité haciendo que el anciano reaccionase.
Desde los matojos surgió la emboscada. Las flechas volaban en nuestra dirección. Eran demasiadas, no podía cortarlas todas al mismo tiempo por lo que prioricé en mi seguridad al igual que la del anciano.
“¿Quiénes son… bandidos?”
“Tal vez” Contestó mientras ejecutaba maniobras evasivas que mecían el carro como si de una cuna se tratase “Yahvis ¡Abre el compartimento de la derecha, el que está debajo de esa caja hay algo que puede ayudarnos!”
Seguí sus instrucciones y encontré una ballesta junto con un carcaj lleno de flechas. Vi que el anciano ahora tenía un escudo redondo de cuero que usaba para protegerse.
“Ya la tengo ¿qué hago con ella?” Pregunté sosteniéndola con ambas manos.
“Es obvio, contrataca”
Le miré como si acabase de decir alguna tontería.
“¿Y como hago eso?”
“¿Acaso no sabes como usar una ballesta?” Negué con la cabeza haciendo que el anciano soltase un suspiro “Dios, no tienes remedio. Es muy sencillo: agarra la cuerda y ténsala hasta el fondo, hasta que oigas un chasquido, luego coloca una flecha en los surcos, luego apunta y aprieta el gatillo… esa cosa en forma de media luna. Cuando lo hagas repite el proceso”
La rápida explicación lo hacía ver todo como algo simple, pero ahora ¿Cómo hago todo eso mientras me están disparando?
Me oculté tras las cajas buscando una cobertura. Tensar la ballesta fue más fácil de lo que parecía, no tardé en armarla siguiendo las instrucciones del viejo. Disparé a los bandidos apostados en los arboles, recargué y volví a disparar una y otra vez hasta gastar una docena de flechas, cabe destacar que no acerté ninguna de ellas.
“¡Apunta mejor!” Gritó el anciano con desesperación.
“¡Lo intento!” Contesté fallando otro tiro dirigido a un blanco apostado a cinco metros de distancia “¡El carro se mueve mucho!”
El sonido de los cascos resonando detrás nosotros nos alertó la llegada de la caballería. No eran caballos los que se acercaban hacia nosotros, sino animales jorobados con un cuello parecido al de un buitre y una cabeza de oveja, cargando a jinetes de armaduras ligeras ataviados con túnicas blancas y turbantes del mismo color. Alzando un alfanje con su mano mientras gritaban cargando hacia nosotros.
Apunté y disparé al más cercano hiriéndole en un hombro, pero no por ello dejó de cabalgar. Los jinetes que portaban ballestas respondieron disparando sus flechas contra nosotros.
“No aguantaremos mucho más. Detengamos la marcha y enfrentémonos a ellos de frente o tiremos el cargamento para escapar” Sugerí cuando vi que apenas nos quedaban flechas y los jinetes a pocos metros de alcanzarnos.
“¿Estás loco? Si nos detenemos nos matarán. No puedo arriesgarme a perder el cargamento” Reprochó el anciano.
“¿Qué hay en estas cajas que es tan importante?” Pregunté desesperado.
“Eso no te importa. Pronto saldremos del Gran Oasis y dejarán de perseguirnos”
“¿Cómo estás tan seguro de eso?”
“Confía en mí. Todo saldrá bien, solo tenemos que aguantar. Un tramo más, solo uno más” A medida que hablaba sus labios se curvaban en una sonrisa.
Los jinetes nos alcanzaron. Uno de ellos portando un partillo comenzó a golpear las ruedas intentando romperlas. Colocando la ballesta a centímetros de su cabeza acerté en su ojo provocando que cayese del animal y rodase por el suelo. Otro jinete se subió al carro de un salto, tiré la ballesta, esquivé su ataque y le partí por la mitad usando mi espada. Haaziq ató las riendas al asiento del cochero y se unió al combate. Agarró la ballesta y demostró una sorprendente habilidad y puntería al recargar y disparar las flechas que quedaban matando a una buena parte de los jinetes. Estos al ver a sus asaltantes caer ralentizaron su marcha dándonos un poco de ventaja.
Las bestias dieron su mejor esfuerzo para salir del Gran Oasis arrastrando el carro detrás de ellas. Desde sus bocas escurría la saliva ahora tornada en espuma como muestra de su cansancio pero hasta que el anciano no de la orden seguirán corriendo hasta el final.
Al salir de nuevo a la llanura los bandidos de las malejas dejaron de dispar, pero los jinetes todavía nos perseguían. Haaziq sacó su espejo y reflejó la luz del sol en una colina cercana, luego agarró las riendas y se sentó en el asiento del cochero.
“¿Cómo puedes estar tan tranquilo? En cualquier momento pueden volver a alcanzarnos” Grité.
“Agáchate” Dijo una vez, pero al ver que no entendía la orden volvió a pronunciar la misma palabra esta vez con más fuerza “¡Agáchate!”
Siguiendo su orden me oculté entre las cajas. Desde el cielo se oyó el ruido de algo cayéndose, lancé una última mirada a los jinetes solo para ver como saltaban por los aires con la caída del misterioso objeto. El ruido de la explosión me pilló por sorpresa y la onda expansiva sacudió el carro, pero Haaziq pudo controlarlo evitando que volcase.
“¿Qué fue eso?” Pregunté desconcertado.
Cuando mis oídos se aclararon escuche una risa proveniente del anciano, una risa que iba aumentando hasta ser una fuerte carcajada. Haaziq se paró sobre el asiento del cochero señalando con su mano hacia atrás mientras sujetaba las riendas con la otra gritó eufóricamente.
“¡Tragad fuego de mortero malditos nómadas de mierda!” Soltó de nuevo una feliz carcajada y fijó en mí su mirada “¡¿Estás bien Yahvis?!” Asentí con la cabeza, estaba perplejo por su cambio de actitud “Impresiona ¿verdad? Es incluso mejor que la magia de esos pirománticos” Habló aun conservando algo de esa euforia “Nada mejor que una explosión para barrer con tus enemigos”
No entendía que estaba pasando, por qué ese anciano estaba tan contento, claro, nos habíamos salvado de los bandidos pero pensándolo detenidamente antes de entrar a ese oasis el viejo hizo unas señas con el espejo, lo que significaba…
“Sabías que esos bandidos nos estaban esperando ¿verdad?” Cono no recibí respuesta alguna continué preguntando “¿Por qué arriesgaste el cargamento y nuestras vidas metiéndonos en una trampa tan obvia?”
“Un atajo… tenía que coger un atajo. El que no arriesga no gana. Además, eran esos bastardos quienes no se esperaban que atravesásemos sus tierras para atajar a la fortaleza. No se si sabes lo que es una emboscada, pero te aseguro de que esto no era ni de lejos una emboscada, créeme, te lo dice un experto. Si nos hubiesen emboscado, no estaríamos respirando en este momento” Dijo muy convencido de ello “¡Ya casi hemos llegado!” Exclamó sacando su espejo para hacer nuevas señales hacia la colina.
A lo lejos se podía apreciar la fortaleza de Urmia. Lo primero que captaron mis ojos fue la colosal e imponente muralla construida con piedra de color marrón, con torreones cuadrados que sobresalían hacia a fuera de la muralla dando la impresión de resistir años de asedio sin inmutarse. Entre cada almena había una bombarda, lo que indicaba que la fortaleza disponía de armas poderosas. Al verlos sentí lástima de cualquier ejército que intentase sitiarla.
Estábamos llegando, sin embargo por alguna razón que me es desconocida, en lugar de reducir la velocidad el anciano prefirió acelerar más la marcha.
“Sé que quieres llegar pronto pero si seguimos así nos estrellaremos” Dije intentando que el viejo entrase en razón.
“Exacto, por eso hay que saltar” Su respuesta me dejó estupefacto “¡Salta de una vez!” Exclamó agarrándome del cuello del jubón mientras daba un brinco fuera del carro jalándome en el proceso.
Ambos caímos al suelo rodando y levantando polvo. Inmediatamente me incorporé y vi como el carro seguía su rumbo a pesar de perder a su conductor. Los guardias dieron la orden de cerrar la puerta, los centinelas de la torre bajaron la puerta de barrotes cuyos pinchos atraparon el carro antes de que pudiese entrar en el patio. En el momento en que se detuvo, estalló en una violenta explosión que mandó a volar la puerta junto con los guardias.
Semejante explosión era diez veces más grande que la que acabó con los jinetes que nos perseguían. La mercancía que llevábamos era una bomba.
Volteé hacia el anciano, quien intentaba levantarse del suelo. A pesar de su fornido cuerpo, la caída llevó sus músculos al límite haciendo que le sea imposible levantarse sin ayuda. Me acerqué a él en pos de ofrecer auxilio y de paso algunas explicaciones, ahora que la explosión ha dejado aturdidos a los centinelas los refuerzos tardarán algo en llegar.
“Gracias… muchas gracias” Dijo con una voz apagada “Con razón estaba por retirarme, pero no había nadie mejor que yo para este trabajo” Divagó olvidándose de que estoy aquí.
“Deja de divagar. Es hora de que me digas qué está pasando aquí ¿qué significa todo esto? ¿Por qué hemos destruido la puerta de una fortaleza como esta?” Exigí respuestas de forma severa.
El anciano me miró y formó una sonrisa.
“Es necesario” Estaba por reclamar pero el anciano siguió hablando “Si bien te mereces una respuesta, primero debes cumplir con tu promesa”
“¿Promesa?”
“Prometiste protegerme ¿acaso ya te has olvidado?”
“No. Pero creo que tu has olvidado acerca de mi recompensa”
El anciano borró su sonrisa de su cara y frunció el ceño mientras colocaba su puño sobre su corazón y habló.
“Me da igual lo que creas. Soy un hombre de palabra y si te digo que tus esfuerzos merecen una recompensa, recompensa recibirás”
“Pues quiero que mi recompensa sea información acerca de lo qué está pasando ¿quién eres?” Contesté.
“Te mereces una recompensa mejor. Así que quédate a mi lado y cumple tu trabajo”
“¡Te creerás que tengo alguna clase de extraordinarios poderes mágicos porque como pretendes que te proteja de esas armas!” Exclamé señalando las almenas.
“Eso es lo de menos ¡Estate atento Yahvis!” Gritó el anciano.
En medio de la discusión no me di cuenta de que varios caballeros salieron de la fortaleza montados a caballos blindados en nuestra dirección con propósitos sombríos.
Bloqué por acto reflejo el ataque del caballero con mi espada, acto seguido el caballero es derribado por una flecha que el anciano disparó con su ballesta. Me incliné sobre el suelo, imbuí la hoja de mi espada con mi magia y cercené las patas del caballo provocando la caída del siguiente jinete, el cual fue rematado por Haaziq.
Aunque perdieron a dos jinetes de manera casi inmediata, el resto del grupo no se vio afectado por su pérdida. Pasaron de largo y se centraron en atacar al anciano, el cual apenas podía moverse. Corrí a toda velocidad y embestí contra Haaziq antes de que la punta de la lanza le arrebatase la vida, de inmediato me levanté deteniendo tres ataques simultáneos al mismo tiempo al colocar mi espada en posición horizontal.
De nuevo los jinetes cambiaron de estrategia y empezaron a dar vueltas alrededor de nosotros atacándonos desde distintos sitios. Alcanzaron a Haaziq en el hombre y a mi en el costado cuando intentaba protegerle, logré derribar a un jinete pero su compañero logró herirme en la espalda y un tercero clavó so flecha en mi pierna. Rodé por el suelo esquivando la siguiente estocada y llegué de nuevo junto al viejo.
El constante movimiento de los caballeros levantaba el polvo con los cascos de los caballos a la vez que dificultaba seguir a un objetivo sin que los demás no se aprovechasen de tu descuido. No podía defenderme y proteger a Haaziq al mismo tiempo, desearía poder hacerlo pero no puedo, estoy igual que aquella vez en las minas. No puedo salvar a nadie.
“Lo siento viejo, no puedo protegerte. Quizás deberíamos rendirnos” Sugerí.
“No chico, la esperanza es lo último que se pierde” Contestó el viejo colocando su mano en mis hombros. En sus ojos todavía ardía la voluntad de vivir.
Como un milagro los caballeros fueron derribados por unas flechas provenientes de la colina, desde la cual descendía un ejército de más de cien hombres de los cuales algunos iban a pie y otros a caballo.
“¿Más enemigos?”
“Mejor llámalos refuerzos. Vamos a tomar esta fortaleza así que… ¡Levanta!” Reuniendo sus fuerzas el anciano se puso en pie y me obligó a levantarme también.
No tenía ni idea de donde había salido ese ejército, pero seguro que todo esto estaba dentro de los planes del anciano.
Ahora con la fuerza de más de cien hombres tomar la fortaleza era algo posible, después de todo nos cargamos la única entrada y salida.
Los centinelas contestaron al ataque disparando sus bombardas, soltando flechas y aceite hirviendo, buscando reducir el número de atacantes, pero por la falta de soldados no podía más que retrasar lo inevitable. Atravesamos con facilidad por los escombros de la puerta irrumpiendo en el patio central, donde nos esperaban un grupo de soldados preparados para dar su vida por este lugar, Desde la cima del castillo los centinelas apoyaban a los soldados con más fuego de bombarda junto a los arqueros apostados en las ventanas y tejados de las casas cercanas, así mismo los guardias del muro dieron la vuelta a sus cañones y comenzaron a disparar al patio.
El ejército se dividió en cuatro partes. La caballería pesada cargó contra los soldados entablando una cruenta batalla en la cual tomé parte junto al anciano, los otros dos grupos avanzaron hacia las murallas deteniendo el ataque de los cañones principales. Una vez tomados apuntaron a los centinelas de las torres del castillo destruyéndolos con sus propias balas. La última parte del ejército llevaba un ariete con el cual echaron abajo la puerta del castillo.
Dentro había un pequeño grupo de quince caballeros que protegía a los campesinos y Pashas que se encontraban dentro, en los pisos superiores. Nada más entrar en aquella sala iluminada por velas de aceite, los últimos soldados de la guarnición se rindieron sin presentar batalla al verse superados en número. Haaziq entró conmigo, una vez dentro ordenó ejecutar a los restantes caballeros y apresar a los Pashas.
Lo que les ocurrió a la gente que quedaba no era de mi incumbencia y tampoco me importaba. Por último un par de hombre subieron a la cima del castillo quitando la bandera de colores, sustituyéndola por una de color negro con una calavera blanca en el centro. Habíamos tomado la fortaleza.
Cuando las cosas se habían tranquilizado un poco me acerqué al anciano.
“Vosotros sois los bandidos” Le dije a Haaziq.
“Preferimos el término piratas” Contestó el anciano ahora sentado a la mesa principal que daba a la puerta. En su mano sujetaba una cebolla a la que le dio un mordisco “Tal vez no lo sepas, pero tras esas colinas se encuentra el mar de Alwan, desde allí atracamos el barco”
“Ya veo. No, espera no lo entiendo… En primer lugar ¿Por qué me contrataste? ¿Por qué atravesar ese oasis y ser emboscados? Y… y… y… ¿No podías haber conquistado esta fortaleza sin tener que hacer todo esto?”
El anciano terminó de comerse la cebolla en lo que yo hacía las preguntas. Luego dio un largo sorbo de vino antes de ofrecerme una respuesta. Estaba poniendo a prueba mi paciencia.
“¿No quieres comer algo?”
“¡Contéstame!” Grité perdiendo los nervios.
Mis gritos llamaron la atención de los piratas que aun permanecían en la sala. Sin embargo bastó un gesto de Haaziq para hacerlos volver a su trabajo.
“Yahvis, eres una persona muy curiosa y eso es bueno, pero también hay un dicho popular que encaja perfectamente en personas como tu. Dice así: La curiosidad mató al gato” Dijo antes soltar una carcajada que retumbó por las paredes del castillo.
“Veo que esto te parece gracioso”
“No te enfades. Si piensas que todo esto, estaba planeado hasta el más mínimo detalle, pues… te equivocas. Solo fue una extraña sucesión de eventos que nos permitieron llegar hasta donde estamos” Terminó de comer la cebolla, cogió un trozo de pan, volvió a llenar su copa de vino y siguió hablando “Cuando los Rukhs descendieron para comerse a Zaid y su grupo de subnormales, la capitana decidió enviar un falso emisario a los regentes con el pretexto de que enviasen una fuerza para apoyar a Zaid en su trayecto. Mordieron el anzuelo y vaciaron la fortaleza, pero lo hicieron demasiado rápido, me sorprendí hasta yo de su movilización ¿quién podía creerse algo así? Pues me di cuenta de que si llegaban a Sandur descubrirían el engaño y… bueno, el resto ya sabes”
“Necesitabas reventar la puerta porque esto es inexpugnable (a pesar de que lo hemos tomado en tan solo dos horas)”
“Correcto” Contestó el anciano “Gracias a ti, ahora podemos saquear cuanto queramos. Ah, llevábamos años queriendo tomar este lugar” Apretó el puño frente su cara en señal de victoria.
“Lo que no me queda claro es por qué me metiste en todo esto” Dije temiendo de que descubriese que tuve algo que ver con lo de los pajarracos esos.
“Porque me quedé sorprendido ¿Qué clase de niño de trece años levanta dos cajas de doscientos kilos cada una como si fueran plumas? Inmediatamente caí en la cuenta de que serías necesario, tengo buen ojo para los hombres” De pronto se levantó y se acercó a mi “Te seré sincero, me gustaría reclutarte por obvias razones, pero soy un hombre de palabra y te prometí de que te enseñaría el camino a la gruta Ouwasch y pienso hacerlo, por lo que vayamos fuera” Me agarró por los hombros detrás de mí y me empujó hasta la puerta.
“¿Por qué me da que ahora quieres librarte de mí?”
“Considéralo un favor. En el momento en que la capitana te conozca y descubra todo te reclutará a la fuerza, por lo que te quedarías sin ir a ese nido de monstruos a hacer… lo que quiera que hagas”
 “Espera, has dicho tu capitana…”
Justo en el momento de cruzar la puerta, una mujer de esbelto cuerpo se interpuso en nuestro camino. Su ondulado cabelló azabache se mecía al son de la corriente de aire que entraba por la puerta. Avanzó hacia nosotros con el sonido de sus botas retumbando por la sala, sus pantalones azules oscuros combinaban con su camisa carmesí de grandes botones dorados, sobre la cual llevaba una larga gabardina negra con hombreras militares naranjas.
Al verla, Haaziq se detuvo en seco.
“Mierda…” Susurró el viejo.
La mujer que teníamos en frente era la supuesta capitana que supuestamente no debía encontrarse conmigo, esto lo deduje por la cara de asombro del anciano.
Posó su mirada en mi ser ojeándome de arriba abajo, luego observó al anciano, percibí como su mirada cambiaba pasando de curiosidad a incredulidad en tan solo un instante. Luego simplemente habló.
“¿Quién es?” Preguntó señalándome con su mirada de nuevo.
Sentí como Haaziq respiraba hondo antes de contestarle, probablemente estaba organizando sus pensamientos.
“Precisamente quería presentártelo, por eso íbamos a verte con tanta prisa. Es un aventurero que me salvó la vida cuando me atacaron los caballeros” Inmediatamente abrí la boca para protestar, pero al mismo tiempo el viejo me la cerró con su mano y siguió hablando “Por eso quería mostrarle mi agradecimiento invitándolo a comer, pero parece ser que tiene prisa y…”
“Cállate” Ordenó la capitana cortando su conversación abruptamente. Me observó de nuevo, esta vez poniendo más énfasis en su mirada lo cual me hacía sentir molesto “Sospechoso ¿por qué un aventurero iba a tomarle la molestia de salvar a un pirata? Debería ser al contrario, los aventureros son los que luchan contra los piratas, no los ayudan”
Aparté la mano del viejo de mi boca y hablé.
“¡Me ofreció una recompensa!” Exclamé tomando aire.
La capitana arqueó una ceja y volví la mirada al viejo, quien a su vez apartó su mirada.
“Ooh, que interesante ¿Así que le has ofrecido una recompensa a un extraño? Esto no es propio de ti” Dijo posando su mano en su cintura, colocándose en una pose bastante femenina.
El viejo carraspeó con fuerza.
“Simplemente no quería morir así que aproveché la oportunidad”
La capitana no parecía estar muy convencida con nuestras respuestas improvisadas, a pesar de que estábamos diciendo la verdad a nuestra manera.
“Dime niño ¿Cómo te llamas?” Su tono cambió, de uno severo a uno más clamado.
“Yahvis”
“Dime Yahvis ¿qué fue lo que ese viejo pervertido te prometió?”
“Eso mismo quiero saber” Dije mirando al viejo quien estaba sudando más de la cuenta.
Haaziq tomó aire antes de hablar.
“Prometí dejarle ir con vida”
Al oír mi respuesta la mujer empezó a reírse.
“Venga hombre, si vas a mentirme al menos invéntate algo creíble” Después de terminar de reírse pasó a mi lado no sin antes decirle algo al viejo “Voy a encargarme de esos Pashas, cobraremos una buena suma por sus cabezas. Cuando termines de jugar con tu nuevo amante organiza la defensa antes de que el ejército de Urmia vuelva ¿entendido?”
“A sus órdenes” Dijo Haaziq exaltado.
Volvió a colocar sus manos sobre mis hombros empujándome fuera del castillo.
“¿Qué ha querido decir con eso de tu amante?” Enfaticé esto último.
“Nada” Contestó secamente “Dime, una vez que llegues a la gruta ¿qué esperas encontrar? Allí solo hay Nidhogs de fuego… ¿eh que qué son los Nidhogs? Pues… eh… imagina un dragón en forma de serpiente tan enorme y tan blindado como un Rukh y que es capaz de lanzar fuego por su boca”
“Me encargaron buscar algo en ese lugar, no se quien era, pero parece ser que si encuentro eso y se lo llevo obtendré una buena recompensa, o eso me dijo”
“Así que por una recompensa, estás hecho todo un aventurero. Sabes, en el fondo preferiría que te unieses a nosotros en vez de ir a suicidarte a ese lugar, pero siendo sincero no te veo como pirata, aunque te agradezco que me hayas ayudado” Decía mientas me sacaba a empujones fuera de los muros. Llegamos a la colina por la que descendieron los piratas, tras la misma pude contemplar el imponente barco pirata atracado en la costa.
“(Increíble)” Era la palabra que llenaba mi mente mientras observaba los altos mástiles, las velas blancas, los innumerables cañones de la cubierta, la bandera negra ondeando en la cima del mástil central. No llegaba a entender como algo tan grande podía navegar sin hundirse o tan siquiera permanecer flotando en el agua.
“Veo que te gusta nuestro barco. Pertenecía a la marina real, costó mucho robarlo de una pieza. La armada estaba pisándonos los talones pero la capitana logró despistarlos en los remolinos, esa maniobra me dejó atónito, no creía que un barco se podía mover de esa manera”
“Alabas mucho a esa mujer para ser alguien que no goza de su compañía”
“Eres muy joven, no vas a entenderlo ahora. Mira ¿ves ese acantilado? atravesándolo llegarás al delta del río sigue la orilla y enseguida encontrarás tu gruta” Tras indicarme el camino se despidió de mí dándome una palmada en la espalda “No subestimes el poder del infierno, porque es un infierno lo que te está esperando” Dicho esto partió de regreso hacia la fortaleza.
Por mi parte no entendí bien lo que quiso decirme, me encogí de hombros y subí hasta la cima del acantilado siguiendo el camino de la colina. Una vez allí mis ojos observaron por primera la inmensidad del agua extendiéndose hasta el horizonte, con el sol a punto de ocultarse tiñendo el cielo de colores, los cuales se reflejaban en el agua. A la izquierda se encontraba el planeta rojo cuya mitad superior ocupaba gran parte del cielo y la otra oculta por el límite de la lejanía, su brillo dotaba de colores cálidos la superficie del agua. A la derecha, en la cima del cielo se encontraba el planeta azul resplandeciendo entre las nubes por encima de las bestias aladas que cruzaban el mar. Me quedé un buen rato mirando el atardecer, disfrutando de la cálida brisa marina que golpeaba mi cara. Lo único que lamentaba en ese momento era estar solo y disfrutar de semejantes vistas. Me preguntaba si Slania alguna vez había visto un paisaje como este.
Antes de que cayese la noche bajé del acantilado hasta el delta del río. No encontré puente alguno para poder cruzarlo por lo que decidí cruzarlo a nado mas viendo la distancia que separaba una orilla de otra me replanteé el hacerlo hasta que vi que el río se estrechaba a medida que iba subiendo. He encontrado un buen punto para poder cruzar, el problema es que no se nadar.
Quería cruzar el río antes de que se hiciese de noche. En primer lugar pensé en saltar de un lado a otro, pero luego recordé que tengo demasiado peso encima y se me pasó. Luego pensé en crear un puente improvisado con el tronco de un árbol, pero la corteza de estos son enormes, sería imposible moverlos una vez cortados si caen mal, demasiado arriesgado y las otras plantas no tienen la longitud necesaria. En ese momento recordé que tenía una cuerda, la que había conseguido de ese traficante de esclavos. Si lograba unir ambos extremos podía cruzar sin ahogarme.
Recogí una piedra de gran tamaño, amarré la cuerda alrededor de ella y la arrojé hacia la otra orilla del río de manera que lograse encajar entre otras dos grandes rocas, jalé de la cuerda para comprobar su firmeza y la até a la raíz saliente de un árbol. Luego Corté un trozo de madera de un árbol cercano, excavé un surco con mi espada y coloqué dentro todas mis pertenencias inclusive mi ropa. Acto seguido me metí dentro de agua sujetando la tabla de madera con una mano y la cuerda con la otra.
El agua estaba realmente fría, mucho más de lo que recordaba. Mi cuerpo no paraba de temblar, pero eso no me impidió continuar hacia adelante pues mi mayor preocupación no era la hipotermia, sino los peligros ocultos acechaban en río.
A medida que avanzaba intentaba mantenerme a flote, sentía que algo rozaba mis piernas lo cual me aterraba haciéndome desear no haberme metido al agua de noche a la vez quería llegar deprisa a la otra orilla. No podía alumbrar nada ya que mis manos estaban ocupadas y en el peor de los casos mi luz atraería a los monstruos que duermen bajo el agua.
Con el corazón latiendo a mil logré llegar a la otra orilla. Nada más salir me percaté de que cerca de mí había una mujer arrodillada junto al río lavando una manta. Por un momento creí estar viendo una alucinación causada por la falta de calor corporal, pero no ahí estaba la figura de una mujer que parecía muy concentrada en lo que estaba haciendo a estas horas cuando ya no había más luz que la que emitían los cuerpos celestes alumbrando tan solo sus propias formas.
“(Si estaba aquí por lo menos podía haberme ayudado, pero ¿Cuándo llegó?) Hola, señora” La llamé. Mi saludo se escurrió junto con la corriente sin recibir respuesta alguna. Volví a llamarla y tampoco me respondió la segunda ni la tercera. Tragué saliva y decidí acercarme a ella. A medida que iba acercándome me daba cuenta de que esa mujer emitía una especie de vapor fosforescente que emanaba de su cuerpo y de su ropa, lo cual me daba mal presentimiento. A unos pocos pasos de ella todavía seguía sin notar mi presencia “(Desconocía que a las mujeres les entusiasmase tanto lavar la ropa)” Sentía curiosidad por lo que estaba lavando pero no atinaba a verlo por la falta de luz, así que decidí alumbrar con mi magia.
En las manos de la mujer había una sábana blanca con una mancha roja del color de la sangre que se desprendía de la manta cada que frotaba impregnando el agua con su color pero sin importar las veces que la mujer frotase, la mancha seguía sin irse del todo. Fue entonces cuando se percató de mi presencia, volteó su cabeza en mi dirección. No tenía ojos solo cuencas oscuras por las cuales salía vapor, le faltaba la nariz, sus labios habían sido arrancados mostrando sus dientes deformes. Sus manos eran esqueléticas pero todavía cubiertas de piel sujetan la manta ensangrentada. En ese momento me di cuenta de que eso que estaba ante mí no era un ser humano.
“…” La mujer me susurró algo que no llegué a oír ya que estaba lejos de ella corriendo por mi vida. Agarré mis cosas y me alejé de la orilla para ponerme a salvo de lo que sea que estaba ahí.
Me adentré en el bosque donde la oscuridad campaba libremente a mi alrededor engullendo todo a su paso. Sobre mí el planeta rojo se hallaba visible más brillante que nunca, pero su luz no alcanzaba a alumbrar tan siquiera las sombras, tenía que usar mi magia para encontrar un lugar adecuado para montar un campamento improvisado.
Después de secarme volví a vestirme lo más rápido que puede, encontré matojos secos, ramas y troncos esparcidos con los que no tardé en crear una hoguera y aun así temblaba de frío. La temperatura baja mucho durante la noche y ahora que estoy mojado corría el riesgo de enfermar, por lo que avivé el fuego tanto como pude pero no paraba de temblar. Al rato recuperé el calor corporal.
Ahora que he recuperado el calor tocaba saciar mi hambre. Desenvolví los víveres, me alegré al ver que no se habían mojado. Mientras comía me puse a pensar en todo lo que había ocurrido en estos días.
Todavía no me puedo hacer la idea de que he ayudado a unos piratas a tomar una fortaleza. Lo único que quería era ayudar a un anciano, como iba a saber que ese hombre era un criminal. Aunque por otra parte me dio las gracias y…
Estaba tan absorto en mis pensamientos que terminé dejando el cuenco limpio sin darme cuenta, ni siquiera saboreé la comida. Una vez que terminada la cena, expandí una manta en el suelo y otra enrollada sobre la misma a modo de almohada. No era lo mismo que la cómoda cama de la posada.
Me encontraba en una buena ubicación, con unas rocas en la parte posterior, la hoguera delante de mí y la espada clavada en el suelo a mi lado para protegerme de los posibles depredadores. Al cerrar los ojos me quedé dormido profundamente.
Las húmedas gotas del cielo que caían directamente sobre mi cara me sacaron de mi sueño, entrecerré los ojos queriendo volver a dormirme, pero cuando me di cuenta de que estaba lloviendo salté del suelo incorporándome de inmediato. Guardé las dos mantas y llevé el equipo hasta un lugar seguro, bajo la gigante hoja de la primera planta que se cruzó en mi mirada.
De inmediato la llovizna se volvió una fuerte lluvia torrencial. El río fluía con fuerza a pesar de estar en su etapa delta. Alcé mi cabeza para contemplar como los nubarrones circulaban en sentido espiral asemejándose a torbellinos de color blanco y gris que girando sobre sí mismos desencadenando violentos rayos que iluminaban el cielo al cruzar de un lado a otro, seguidos de fuertes truenos que sacudían los oídos. A pesar de todo eso el viento no era muy fuerte.
Esperé con impaciencia a que terminase de llover, pero al darme cuenta de que esto iba para largo tomé la decisión de avanzar. Corté la hola para usarla a modo de paraguas, cuando me disponía a partir mi espalda chocó con algo duro, a darme la vuelta me encontré con un enorme monstruo asemejado a un insecto. Su cuerpo era de color marrón, con seis largas patas que sujetaban un inflado abdomen del cual emergía un tronco recto y delgado acabado en una cabeza plana con cuatro pinzas en forma de dientes. Sus brazos eran delgados como el tronco, parecían guadañas.
Contuve la respiración al ver algo así. En todo este tiempo no me había percatado de su presencia, si quería matarme podía haberlo hecho desde hace rato. Le apunté con mi espada, sentía como mis manos temblaban esperando su ataque.
El monstruo insecto volteó su cabeza en mi dirección, mirándome con sus ojos compuestos y luego volvió a su posición original. Entonces me di cuenta de que estaba apoyado sobre un pequeño árbol masticado las ramas.
“(Quizás sea herbívoro)” Pensé.
Aprovechándome de que eso estaba distraído, me alejé poco a poco, eché a correr cuando estaba una distancia considerable. Seguí el curso del río hasta llegar de nuevo al mar.
Las olas se agitaban violentamente de un lado a otro ante el constante bombardeo de la lluvia que caía sobre el mar, parecía una feroz lucha entre dos fuerzas de la naturaleza donde ninguna de las partes parecía ceder. Los peces salpicaban en la superficie del agua a causa del oleaje siendo un blanco fácil para los valientes depredadores que salieron de sus guaridas en mitad de la tormenta.
Seguí el camino que me indicó Haaziq mientras que usaba el Coil para asegurarme de estar siguiendo el camino correcto. Antes de darme cuenta, la lluvia cesó y el mar se tranquilizó aunque todavía había muchas nubes que seguían formando espirales.
Al subir a un pequeño lugar elevado encontré una formación rocosa que daba acceso directo al mar. Observé que varias columnas de humo ascendían a lo largo de la formación como si fuesen chimeneas.
El agua salada fluía adentrándose dentro de la roca por una cueva de amplio tamaño.
Se supone que debo entrar por este lugar, sabía que había otras entradas pero esta se veía la más segura puesto que las demás emitían un humo que no quería respirar, ni tampoco tenía idea de la profundidad de la cual procedía.
No me agradaba la idea de volver a adentrarme en la tierra, nada más estar en frente de la entrada los malos recuerdos de las minas acudían a mi cabeza. Literalmente mi corazón y mi mente me prohibían entrar mas aun sabiendo que hay monstruos esperándome dentro. En este momento me preguntaba si valía la pena arriesgar mi vida por esa extraña oferta, quizás sea una estafa, no es la primera vez que me engañan y odio que me hagan eso, pero al mirar la pulsera mágica que me dio ese enmascarado mis pensamientos volvieron a dar un giro.
“(No voy a dejar que ese enmascarado se ría de mí solo porque soy un cobarde)”
Entré dentro con cautela.
Avancé intentando emitir el menor sonido posible, por lo que no sacaba los pies del agua para no salpicar. Llegué a un punto donde había un escalón de roca que separaba el agua salada del suelo firme.
No había necesidad de usar mi magia pues el techo había agujeros lo suficientemente grandes como para que la luz llegase a todos los rincones.
Cuanto más estaba avanzando más me daba cuenta de que esta cueva era completamente diferente a la de las minas. En primer lugar muchas de las paredes estaban llenas de minerales que brillaban al contacto con la luz, había varias columnas que llegaban hasta las el techo, esas columnas estaban conformadas por unos trozos de rocas pulidas conectadas unas a las otras en una espiral ascendente. El suelo estaba cubierto por un musgo azul verdoso e incluso había varias plantas, pero ninguna de ellas se asemejaba siquiera a la que andaba buscando.
Tras vagar por las galerías me di cuenta de que algo raro estaba pasando.
“(Ese viejo me dijo que la gruta está llena de monstruos. Llevo un rato dando vueltas y no he visto ni siquiera un animal ¿Será que la lluvia los ahuyentó? Pero eso no tiene sentido, esto es un refugio para ocultarse de la lluvia… Además, antes de llegar vi unas columnas de humo ascendente provenientes de este lugar, pero no encuentro nada)”
A medida que más pienso en ello menos cosas tienen sentido, lo que provocaba una molesta sensación. Cada minuto aumentaba las ganas que tenía de marcharme.
Un pequeño desprendimiento de una columna cercana retumbó por todo el lugar.
Me detuve hasta que se reinase de nuevo el silencio, pero entonces una de las columnas empezó a temblar. Las rocas pulidas empezaron a desprenderse de la columna revelando que esas extrañas espirales eran en realidad monstruos adheridos.
El Nidhog bajó al suelo desenroscándose, su cuerpo formado en secciones se movían al unísono mientras descendía con un movimiento hipnótico. Ahora en el suelo podía contemplar mejor su gran tamaño, a ojo podía calcular que era dos metros de alto y casi diez de largo pero a pesar de su longitud no tenía demasiadas patas, su cabeza tenía cuatro mandíbulas y dos antenas curvadas hacia atrás a ambos lados de su cabeza, pero no encontraba sus ojos. Mirándolo recordé lo que dijo el viejo pirata, pero ahora viéndolo parece más un insecto que un lagarto gigante con alas.
Su cuerpo empezó a tornarse de un tojo rojo vivo, entre las juntas de cuerpo emanaban pequeñas llamas espontáneas.
Al verme el gusano Nidhog abrió su inmensa boca y comenzó a absorber aire. En la mitad de su espalda emergieron dos columnas de llamas que parecían alas. Cuando terminó de inhalar cerró su boca un instante antes de abrirla soltando una intensa llamarada.
Me resguardé tras la columna en la cual el dragón estaba enrollado hace un momento. La pierda rugosa y brillante absorbió el impacto de las llamas. Al sentir el calor que emanaba de ellas comprendí inmediatamente de que si me alcanzaban estaría acabado.
Estaba en una situación difícil, no solo porque el enemigo al me enfrentaba era descomunal y peligroso. Si mis sospechas son ciertas y todas esas rocas son en realidad gusanos enrollados, es mejor que sigan durmiendo hasta que encuentre la dichosa planta. Tendré que pensar un plan para matar a ese bicho sin despertar a los demás.
Corrí hasta el Nidhog evitando sus ataques ígneos, acercándome poco a poco hasta su costado. Mi objetivo eran sus piernas. No eran muchas y parecían frágiles, si las cortaba lo dejaría anclado en el suelo sin poder moverse, así le remataría.
O eso pensaba, pues al asestarles un golpe mi espada rebotó. Chasqueé la lengua dándome cuenta de que el viejo tenía razón, la única forma de cortarlos era usar magia pero antes de poder hacer algo el Nidhog se enrolló sobre si mismo atrapándome entre su cuerpo, luego levantó la mitad superior de su cuerpo mirándome desde arriba mientras comenzaba a aspirar aire. Era obvio lo que intentaba hacer.
Salté sobre una de sus patas usándolas a modo de soporte. Alcancé su cabeza antes de que soltase de nuevo sus llamas, envolví el filo de mi espada con mi magia. Tracé un movimiento de corte en forma de media luna sobre una de las antenas, pero el Nidhog empezó a moverse abruptamente haciendo que perdiese el equilibrio y cayese rodando por su cuerpo hasta llegar al suelo sin haber podido tocar siquiera su antena.
Controlando la caída evité dañarme al caer desde tanta altura, el musgo fue más denso de lo que parecía y eso ayudó mucho. El cuerpo de esa criatura era tan caliente que me quemé la piel junto con la ropa, nada grave pero olía a quemado.
Sin poder detener el fuego que emanaba de su boca, los incontrolables movimientos esparcieron las llamas por todas partes, algunas de ellas impactaron en una columna cercana, la cual tenía a otro Nidhog enrollado en ella lo que ocasionó su prematuro despertar para mi mala suerte.
Cuando el segundo Nidhog se desenroscó lo primero que hizo fue acercarse al que le despertó. Observé como sus antenas empezaban a moverse de un lugar a otro, como si estuviesen hablando entre ellos. Ambos se giraron hacia mí al unísono.
Me temí lo peor cuando uno se abalanzó sobre mí mientras que el otro trepaba hasta llegar al techo. De inmediato comencé a correr con todas mis fuerzas intentando dejarle atrás, pero para mi sorpresa su velocidad superaba la mía y en poco tiempo volvió a acorralarme usando la misma táctica con la diferencia de que esta vez se lanzó hacia mí directamente.
Salte de un lado a otro esquivando sus mordiscos. Los largos colmillos del Nidhog emanaban una saliva brillante que corroía al salpicar sobre cualquier tipo de superficie. No me atrevía a contratacar por miedo de que pudiese derretir mi espada.
Tras esquivar su último ataque salté sobre una de sus patas y de allí hasta su espalda. En ese momento la cabeza del monstruo embistió contra mí lanzándome por los aires.
Aterricé con brusquedad sobre el musgo, sentí un fuerte crujido proveniente de mi hombro. Dejé salir un quejido casi como un grito a consecuencia del dolor, un dolor tan fuerte como nunca había sentido en mi vida. Me levanté de inmediato, todavía puedo sentir el brazo, es una buena señal pero costaba moverlo, tal vez me rompí el hombro.
Desde el techo el segundo Nidhog se abalanzó sobre mí. Cayó al suelo y me embistió  con su cola al serpentear lanzándome contra una columna cercana, al tornar hacia mí comenzó a inhalar aire preparándose para escupir fuego.
Apenas podía moverme a consecuencia el impacto, la fuerza de esos seres superaba a la mía con creces y para mi mala suerte tuve que chocar contra otro Nidhog, el cual se desenroscó parcialmente para ver al idiota que le había despertado.
“(El primero estaba al asecho, el segundo a punto de quemarme vivo y el tercero a un paso de hincarme el diente ¿acaso puede ir peor?)”
Antes de que la ráfaga de llamas me alcanzase me deslicé entre el cuerpo del Nidhog que se acababa de despertar y la pared de la columna en un intento desesperado de sobrevivir usando al enemigo como escudo.
El fuego impactó sobre el dragón causándole daño de alguna manera. Dirigió su cabeza hacia su agresor cuando este terminó de calcinarlo provocando que el primero detuviese su avance. Su antenas comenzaron a moverse, en respuesta, los otros dos movieron las suyas, parecía que se estaban comunicando entre sí.
En ese momento, al verles interactuar entre ellos como lo que pasó la otra vez, una idea pasó por mi mente. Una idea descabellada y temeraria, pero no veía otra forma de salir de esta situación, yo me metí en este problema y si salgo con vida despellejaré al enmascarado metiéndole su flor por donde le quepa.
Tomé impulso de la columna alcanzando la cabeza del Nidhog de un salto, mientras este estaba distraído comunicándose con los otros dos le corté ambas antenas con mi espada recubierta de magia.
Cuando perdió sus antenas el Nidhog entró en un estado de frenesí agitó su cuerpo de un lugar a otro, apretó la columna hasta agrietarla causando un derrumbamiento. Aterricé sobre el suelo con una pequeña voltereta y observé como el dragón se l levantaba de entre los escombros. Su cuerpo serpenteaba como una serpiente pero no sabía a donde ir, cuando uno de sus dos compañeros se acercó a él, le atacó indiscriminadamente incapaz de reconocerle. En ese momento entendí que mi plan resultó ser un éxito, ya no tengo que luchar contra ellos, dejaré que sean ellos mismos se maten entre sí.
El Nidhog se liberó del agarre de su compañero y le asestó un mordisco mientras enrollaba su cuerpo alrededor del otro dragón, el cual se movía descontroladamente devolviéndole el mordisco. El tercer Nidhog se unió a la lucha lanzando sus llamas, calcinando a ambos desde la distancia. En medio de aquella marea de fuego un fuerte chillido hizo eco por toda la gruta.
La onda sónica fue tan fuerte que me mis oídos comenzaron a dolerme. Cubrí mis orejas con mis manos en un vano intento de aminorar el dolor. Me di cuenta de que el suelo estaba temblando, pequeñas rocas caían del techo dando indicios de que podría venirse abajo en cualquier momento. Los Nidhogs se despertaron todos al mismo tiempo a consecuencia del grito algunos bajaron al suelo, otros subieron al techo escapando al exterior por los agujeros, el resto se quedaron como espectadores moviendo sus antenas con un intento de comunicarse con los de su especie.
Si antes me encontraba en serios problemas ya no quiero imaginar como catalogar esta situación.
“(¿Saldré con vida de esta?)” Era lo que mi mente no podía evitar formular y lo cual tampoco podía responder.
Mire por donde mire solo veo cuerpos alargados moviéndose, me estaban rodeando poco a poco. La cueva parecía haber cobrado vida propia en un instante, la temperatura iba aumentando por culpa de las llamas que emanaban de sus cuerpos.
Observé que el Nidhog al que le corté las antenas ya estaba muerto y su cadáver ahora estaba siendo devorado por otros de su misma especie. Aquello me sorprendió, no esperaba que fueran caníbales, pero ahora no es el tiempo de fascinarme por ellos.
En el momento en que tomen la iniciativa, mi vida terminaría hecha pedazos y en el estómago de todos ellos. Rechazando la idea de perecer me acerqué hasta uno de los dragones cercanos, que estaba distraído. Trepé hasta su cabeza quemándome las manos y chamuscándome más la ropa, al llegar rápidamente le rebané las antenas encolerizándole. Salté hacia la columna cercana, clavé mi espada sobre la superficie porosa para balancearme hasta la cabeza del Nidhog más cercano, al cual también le rebané sus antenas, caí al suelo deslizándome bajo las patas de un tercer dragón llegando a estar en frente de los colmillos que me estaban esperando a descuartizarme.
Al ver mi inminente destino mi corazón se agitó con fuerza. En un intento desesperado de sobrevivir concentré toda mi magia en el filo cónico de mi arma y la blandí de lado a lado a pesar de la distancia. Para mi sorpresa mi magia se expandió más allá del filo creando una onda de energía que rebanó los colmillos junto con la cabeza del dragón.
Me quedé impactado, no sabía que podía llegar a usar mi poder de esa manera para expandir mis ataques, miré mi espada con asombro sin llegar a entender del todo la situación. Nunca antes pude llegar a hacer algo parecido.
Salí de mi asombro al sentir la mirada de otro Nidhog, el cual se abalanzó sobre mí soltando gotas de fuego líquido desde sus colmillos. Coloqué mi espada en frente de mí intentando defenderme pero fue inútil puesto que su ataque fue bloqueado por el ataque sorpresa de su compañero.
Cuando me di cuenta la situación a mí alrededor era caótica. Los Nidhogs estaban devorándose unos a otros en una espiral de cuerpos serpenteantes moviéndose unos sobre otros como una gran bola de carne cubierta de fuego. Sentí nauseas al ver semejante espectáculo incapaz de apartar la mirada. Me tapé la boca con el pañuelo se Slania y busqué una salida de aquél infierno.
Revisando los rincones encontré muchas cuevas cuyas paredes anilladas se extendían hasta las entrañas de la tierra.
Por experiencia sabía que no era buena idea meterse en las profundidades, en su lugar encontré un pasadizo escondido entre las formaciones rocosas por la cual se filtraba un haz de luz natural.
Con cautela me acerqué hasta la entrada evitando llamar la atención de los demás dragones. Al entrar los sonidos de masacre iban disminuyendo a medida que avanzaba por el angosto pasillo luminoso, finalmente dejaron de oírse cuando entré en una pequeña galería que conectaba con el exterior.
La salida estaba tras un enorme agujero en el techo por el cual la entraba la luz desde el cielo. Para llegar hasta allá había que pasar una pared rocosa de bastante pendiente, sobre la pared crecía una flor que me llamó mucho la atención. Activé el Coil que aun llegaba sobre mi muñeca, el cual había sobrevivido al fuego de los Nidhogs. En ese momento, me di cuenta de que la flor que estaba ante mí era la flor de las estrellas, una flor de pétalos azules con pequeñas manchas plateadas. Definitivamente hace honor a su nombre. Arranqué un par de ellas con raíces y todo.
“(Bueno, ya tengo la flor ¿y ahora qué?)” Pensé mientras toqueteaba sobre el cuadrado que flotaba sobre el cristal del Coil.
Sin saber qué fue lo que toqué exactamente, el cristal emitió un haz de luz en forma cónica que recorrió la flor de arriba abajo, tras esto la flor se desintegró en diminutas partículas brillantes y entró dentro del cuadrado.
Me quedé boquiabierto por un instante. No tenía ni idea de lo que acababa de pasar, la flor que sujetaba hace un instante se metió dentro de la pantalla, era imposible dar crédito a lo sucedido.
Inmediatamente de que la flor desapareciese, llegó un mensaje acompañado por una corta melodía. Toqué el icono en forma de sobre abierto el cual parpadeaba agrandándose y encogiéndose repetitivamente, salió el siguiente mensaje. Intenté descifrar el mensaje escrito, pero era un idioma extraño.
“Enhorabuena… por… la misión… Reunirse con, o es en (vaya birria de idioma, que les costaba escribir de manera entendible) Colina de los álamos”
Por lo que había conseguido descifrar, se supone que tengo que ir a una colina o algo. Investigando a más a fondo el mensaje descubrí que tenía algo más, un mapa adjunto que mostraba una ruta en puntos negros.
Analizando la imagen del mapa, el nuevo destino parecía estar bastante lejos. Se alejaba bastante del mar, pasaba a través de lo que parecía un bosque y llegaba hasta un lugar de diferente tonalidad verdosa. Solté un largo suspiro. Este día fue bastante duro y todavía no ha terminado. Después de mentalizarme salí de aquél agujero en dirección hacia esa colina. Bastaba con seguir la indicación de la flecha.
Han pasado varios días desde que salí de aquel nido de monstruos. Estaba bastante cerca de mi destino a juzgar por las indicaciones del mapa.
Este día desperté con una extraña sensación de incomodidad, no había dormido bien anoche. Dirigí la mirada hacia el cielo el cual estaba hoy de un color morado intenso a consecuencia del eclipse solar, el planeta azul se había interpuesto en la trayectoria del sol absorbiendo gran parte de la luz solar, a consecuencia de ello el planeta se tornó de color negro mientras que el cielo se tiño de morado y las nubes que surcaban el firmamento se volvieron tan oscuras como la noche.
Llegué hasta el lugar indicado en el mapa, pero no había nadie esperándome. Miré el Coil una y otra vez para ver si aparecía algo nuevo pero no pasó nada. Sin saber qué hacer me quedé sentado mirando el paisaje mientras recuperaba las fuerzas malgastadas para llegar hasta aquí.
Teniendo tres planetas y la luna orbitando, los eclipses eran algo que podía considerarse normal, pero cada uno de ellos tenía un efecto singular sobre el entorno como el que estaba presenciando.
“Un paisaje bastante tétrico ¿no te parece?” Oí una voz conocida detrás de mí.
Al voltearme salté del asombro al ver al misterioso enmascarado parado a unos pasos de mí.
“¡T, tú!” Exclamé casi gritando.
“Estás pálido ¿te has asustado? Lo siento no era mi intención hacerlo” Dijo el enmascarado.
“(¿Cuándo demonios…? no sentí su presencia en ningún momento, de no haberme hablado jamás me hubiese percatado de su llegada)” Y lo peor de todo es que su carro estaba igual de cerca, con la mismo monstruo siniestro tirando de él “Me… Megisto” Dije su nombre en voz alta.
“Recuerdas mi nombre, eso me alegra mucho” Dijo con esa siniestra voz distorsionada.
Fruncí el ceño y le apunté con mi espada.
“Tu me enviaste a morir” Dije enfadado.
El encapuchado me miró confundido a través de los cristales de su máscara.
“¿De qué estás hablando?”
“Sabías perfectamente que esa gruta estaba infestada de dragones, lo de la flor era una argucia. Exijo saber por qué lo hiciste” Amenacé acercando la punta de la espada hasta su cuello.
La Mardyakhor llamada Manticore rugió violentamente, pero se tranquilizó de pronto cuando Megisto alzó su mano.
“Cálmate tu también chico y abaja el arma aquí nadie apoya la violencia. Yo no tenía intención alguna de que fallecieras. Si bien es cierto que la gruta a la que mandé había monstruos salvajes pero confiaba en que en estas fechas estarían invernando, pero supongo que algo los había despertado” Explicó.
 “¿Entonces cuál fue el motivo de enviarme allí?” Dije bajando el arma.
“Para comprobar tu adaptación”
“¿Qué?” Pregunté sin entender a lo que se refería.
“El caso era comprobar tu aptitud frente a una situación y ver como te desenvolvías. Los datos recogidos fueron enviados periódicamente a través de tu Coil. Por cierto, ya que estamos con lo de la misión ¿tienes lo que te había pedido?”
“Ehm… bueno, como decirlo” El enmascarado ladeó su cabeza esperando mi respuesta “Verás, conseguí la flor pero cuando la sostenía esto comenzó a brillar y la flor se metió dentro de esto” Dije mostrándole el aparato.
“Ah, entiendo. Déjame ver” Se acercó y tomó mi mano con gentileza. Activó el Coil, movió un par de paneles y apretó unos cuantos iconos haciendo que el panel se iluminase soltando infinitas partículas que se reunieron en su mano libre formando la flor que recogí tiempo atrás “Una de las mejores cosas de este aparato es que puedes guardar objetos físicos en su interior”
Al escucharle quedé impresionado, aun teniendo el brazalete todo este tiempo nunca se me ocurriría que e pudiese llegar a hacer algo semejante.
“Esta cosa es increíble”
“Los Coils normales lo son aun más, este se hizo específicamente para que guardase el elemento relacionado con la misión”
“Espera, quieres decir que este Coil no es normal”
“Esto es un Coil de prueba, la diferencia con uno normal es que este es más limitado podríamos decir” Dicho esto soltó mi mano.
“Megisto ¿puedo saber para qué necesitabas esas flores?” Pregunté movido por la curiosidad pero en el fondo temía escuchar la respuesta.
“La flor de las estrellas tiene un sabor particular que endulza el té, le da un toque mentolado y refrescante”
Por un momento creí que había oído mal su respuesta pero no era así, lo había dicho alto y claro. He vuelto a arriesgar mi vida por unas malditas hojas de té otra vez, será que mi vida no vale una mierda porque no encuentro otra razón. Sentí unas ganas brutales de partirle la cabeza a ese enmascarado, ya prometí en la cueva de iba a vengarme si lo veía y esto no ha hecho más que recordármelo, pero sé que en el fondo también es culpa mía por haber confiado en una persona de la cual una persona normal hubiese escapado nada más verle.
Solté una risa que se transformó en una carcajada, luego miré al enmascarado de reojo aun riéndome por lo bajo. Manticore comenzó a gruñir al sentir mi instinto asesino desbordándose.
“Sabes, tiene gracia. Eres la segunda persona que me hace arriesgar la vida para poder disfrutar de una taza de té. Estoy empezando a odiar ese brebaje”
“Me parece que te estás confundiendo, pero se te he ofendido de alguna manera me disculpo, quizás la prueba fuese tediosa y extraña pero mi intención nunca fue que perdieras la vida. Tu vida es valiosa”
“¿En serio?” Pregunté desconfiando de su palabrería.
“El Coil lleva incorporado un mapa que te conducía hasta tu destino. La gruta tenía muchas entradas, quizás hayas escogido la equivocada, pero al hacerlo despejaste las pocas dudas que aun tenía sobre ti”
“¿Dudas? Me gustaría mucho saber qué es lo que viste en mí. Si mal no recuerdo dijiste que no me esforzaba mucho en parecer humano ¿a qué te referías con eso?”
Megisto guardó silencio durante un buen rato antes de contestar.
“Puedo responder a todas tus dudas ahora mismo pero es probable que no me creas. Por eso mismo me gustaría cumplir mi parte y llevarte a Asgarland tal y como prometí”
“(Da igual cuanto le insista, no parece que vaya a revelar nada, ni siquiera ha contestado a ninguna de mis preguntas)” Pensé sin saber muy bien que hacer en ese momento “Hablas mucho de Asgarland ¿qué es eso?”
Mi pregunta pareció alegrar al enmascarado de alguna manera.
“Asgarland es la tierra prometida. El mejor lugar del mundo, un paraíso terrenal donde nace la luz del mañana. Pero solo vas a apreciar su belleza si vienes conmigo” Extendió su mano invitándome a ir con él.
Miré su mano y luego su máscara, no me fiaba de él y por como habla, su negativa a enseñarme su cara junto con esa atmosfera incómoda que lo rodea respaldaba la sospecha. Pero por otra parte ese hombre me está ofreciendo un lugar a donde ir. No tengo sitio en este mundo, no tengo lugar en donde quedarme ni un sitio al que llamar hogar, desde que escapé de Mattel he vivido en completa miseria. Puede que desconfíe de la persona que tengo en frente pero es la única persona que me está dando una oportunidad, si no la acepto quizás me arrepienta.
“Está bien, iré contigo” Megisto pareció complacido al escucharme “Pero si me engañas te encontraré y me las pagarás”
“Me parece justo” Con su mano me incitó a entrar en su carruaje, pero antes de entrar me lanzó una pregunta “Por cierto ¿Sabes lo que es un Landersknecht?” Negué con la cabeza “Bueno, no te preocupes solo pensaba en voz alta” Contestó dejándome con la duda.
Al entrar me senté en el asiento recubierto por un tapiz rojo. Era muy cómodo. Megisto se sentó a mi lado y de inmediato el carro se puso en marcha en el momento en que cerró la puerta.
“Me he fijado en que no hay chofer ¿quién conduce este carruaje?”
“Mi querida Manticore, es un animal muy inteligente. No necesita que nadie la dirija, sabe perfectamente a donde ir sin necesidad de que le diga nada”
“Ya veo”
Miré por la ventana, al hacerlo quedé sorprendido al darme cuenta de que no estábamos recorriendo el camino sino surcando los cielos. Esto era irreal.
En ese momento sentí algo, un olor singular y extraño estaba inundando el interior del carruaje, me percaté de que era un humo rojizo que salía tanto del suelo como del techo. El pánico se apoderó de mí, busqué desesperadamente salir de aquí pero mi cuerpo no respondía. Me sentía cada vez más somnoliento, mis fuerzas me abandonaban, costaba respirar. Entonces es cuando me di cuenta de que había caído en su trampa. Mi consciencia se estaba desvaneciendo, pero antes de dormirme oí con claridad las últimas palabras que me dedicó Megisto.
“Buenas noches”


Compartir en Google Plus

Acerca de Nazar 91

This is a short description in the author block about the author. You edit it by entering text in the "Biographical Info" field in the user admin panel.
    Comentarios en el Blog

2 comentarios:

  1. Me gustaría que traducieras noucone, por favor quiero leerlo

    ResponderEliminar
  2. Esta chido,cómo puedo ver los anteriores 1 y 2

    ResponderEliminar